martes, 1 de noviembre de 2011

17º Número de la revista literaria Nevando en la Guinea



17º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA
DIGITAL MENSUAL
NEVANDO EN LA GUINEA
Nº LXI de la 2ª etapa/01-11-2011

EDITORIAL LXI
Cumbre Iberoamericana,
Otra vez más de lo mismo

Ha culminado en Asunción la edición anual de la Cumbre Iberoamericana. En esta ocasión ha pasado sin pena ni gloria, en buena medida porque no ha recibido la atención mediática de otras ocasiones, tal vez por la cantidad de problemas que agobian a cada uno de los países, tal vez porque en esta ocasión parece que los Estados miembros se lo han tomado muy en serio y se han ausentado incluso once Estados.

Nacida en 1991, parece que hubo voluntad de convertirla en el referente iberoamericano de la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa, de la Commonwealth o de la Organización Internacional de la Francofonía. Sin embargo, no ha conseguido aunar las políticas de los respectivos Estados y el que se siga reuniendo parece más un acto de mera voluntad de los diferentes estadistas que la consecuencia de unos lazos políticos, económicos, sociales o culturales.

Más allá del hecho evidente de que la mayoría de los países que asisten a la Cumbre tienen el español como lengua oficial, no deja de ser lo que su nombre índica, una Cumbre anual, esto es, una mera cita en la que los representantes de los Estados se sacan la foto junto al Rey de España. Ni hay instituciones políticas comunes, ni estamos ante un organismo real de cooperación económica, ni supone un gran alivio para las migraciones entre los países, ni siquiera incide en las políticas culturales. En cuanto a la lengua, seguramente las Academias correspondientes consiguen más y mejores logros que las establecidas en la Cumbre en el ámbito cultural.

¿Para qué sirven por tanto estas reuniones anuales?

Son un mero gesto de hermanamiento que dura lo que dura el evento. Seguramente más vale esto que nada, pero no deja de ser evidente la frustración que puede generar tanto gesto vago. En la década de los noventa daba la sensación de que la Cumbre servía a España para sus intereses económicos y empresariales. No olvidemos que eran años de bonanza para la antigua metrópoli, nada que ver con el escenario actual, cuando la antigua potencia colonial sufre una crisis cuya finalización no parece llegar.

 Más allá de la política de gestos, es real que hay una comunidad de hablantes. El español es compartido por un gran número de personas en el mundo que han convertido esta lengua en una de las más habladas. Hay una literatura que ha contribuido mucho más que las sucesivas Cumbres a que las diferentes sociedades se conozcan de verdad. Este hecho nos lleva a pensar que sobran políticas de gestos y es imprescindible constituir de verdad mecanismos de intercambio que pasan primero por aspectos culturales, sin duda los de más peso y los más importantes. En este sentido, hay que aceptar que el español ya es un patrimonio de numerosos pueblos del planeta, no le pertenece a la antigua metrópoli, del mismo modo que el francés, el inglés y el portugués superan las fronteras de Francia, Gran Bretaña y Portugal al pertenecer a numerosos pueblos. Un motivo más para considerar el absurdo de las fronteras y las separaciones entre culturas.

No contamos que la próxima Cumbre, la del 2012, vaya a aportar tampoco nada nuevo. Confiamos más en la literatura, desde luego. Mucho habrá de cambiar la política, la de España y la de los demás países, para que cambiemos de parecer y mientras tanto esperamos que sigamos leyendo buenos relatos, buenas novelas y encomiables poemas en castellano, que es al fin y al cabo lo que más nos interesa aquí. 


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SELECCIÓN DE POEMAS
Por Cecilio Olivero Muñoz

TRASTIENDA
Y EXTRARRADIO

Epopeya edulcorada en el oropel del celuloide
enfocada hacia la épica del extrarradio,
los límites de un barrio
son los límites en el espacio abierto,
 motos con manillares de tres piezas,
fulacos y mirafloris derrapando
en los campos de fútbol domingueros,
la libertad está preñada en intramuros.
La cárcel es solamente el punto final
aunque algunos engendren allí su comienzo.
Jerga de fogata en las afueras,
dejos de fósil tragedia marginal,
acentos de la Andalucía más próxima,
lenguaje próximo a la golosina.
Chutes con los que driblar a la muerte,
patéticos esbozos de la crisis eterna,
fábricas que abandonan el biberón vacío.
Coctel de pupitres inhabitados
que mezclan la cabaña en los barrancos,
novillos por la tarde para ver
la película de la que todo el mundo habla,
se cambia el olor a goma por un momento
para gozar lo mismo con sabor a palomitas,
sabor a sal y a Mirinda calentorra
evaden a la rutina del comer siempre lo mismo,
churretes en la cara y mucha mugre
contra la purpurina hortera en la trastienda. 


***

TAN ADENTRO
TAN VERDAD

Quisiera vomitarte pero te quedas dentro,
en el cotidiano deambular
sacarte yo no puedo,
te veo en el sofá y allá en el mueble-bar,
te veo en el trastero y allá en el revistero,
 serpenteando en el quizás
por las ruinas de esta casa,
tropiezo en la realidad
testaruda y perspicaz,
encuentro pura sal donde el amor se sala,
quisiera vomitarte pero te quedas dentro,
andas siempre el lugar
que ya anduvieron mis besos,
quisiera echarme a andar
y poder olvidar lo que quedó tan lejos,
pero no encuentro nunca paz
en esta sala de espejos,
se dobla sola la soledad acá en el hogar,
repleto el eco de silencios,
quisiera vomitarte pero te quedas dentro,
fija en tu malestar
reprochándome el afecto,
quisiera yo olvidar
tus rincones infectos de tiempo,
pero me asalta la verdad
sin la tranquilidad de tenerte tan adentro,
quisiera vomitarte pero te quedas dentro.
Tan verdad y tan adentro.
Tan adentro y tan verdad.

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Gloria Literaria


         La realidad no podía resultarme más despiadada. Quince días atrás me había llegado la invitación: “Presentación de la novela de A. C. Café Atlántico, 18 horas”. En medio del tarjetón habían colocado una inmensa foto con la cara del celebérrimo autor. Pasé dos semanas asqueado y al final acudí a la cita, aun a sabiendas de que iba a ser una tortura. No me equivocaba. Pese a las buenas formas, a las sonrisas beatíficas, a los apretones de manos, a las palabras elogiosas, a los canapés sabrosísimos, a las muchachas hermosas, a los autores celebrados, a las mujeres cultas, a los críticos brillantes, pese a todo, fue para mí un verdadero calvario. Recordé de nuevo mi incumplida promesa de nunca acudir a los actos culturales, menos aún a los literarios, mucho menos todavía a las presentaciones de libros y no digamos cuando se trataba de A. C. Siempre cedía, no obstante. No puedes faltar, me decían todos cuando mostraba mis reparos a acudir a semejantes eventos tan detestables, y me lo señaló en esta ocasión sobre todo mi editor, el pobre, que me puso esa cara de estar sacrificándose por mí, nada menos, al editarme, cuando a todas luces perdía dinero con ello, no como con A. C., que era un escritor de éxito, vendía a manos llenas e incluso preparaban una tesis doctoral sobre él en una importante universidad, mientras que yo apenas llegaba a vender una parte de los dos mil volúmenes editados de cada una de mis tres novelas y dos recopilaciones de cuentos. Para colmo, compartíamos editor, una verdadera pesadilla, un profundo lastre. Y allí estaba yo ante A. C. que se me acercaba histriónico mostrando al público presente que no sólo me conocía, a mí, un autor desconocido al que apenas nadie leía, “una lamentable injusticia”, diría en algún momento, sino que además él, el glorioso, no tenía reparos, “no se me caen los anillos”, en saludarme ante todo aquel público que había acudido a verlo a él, el divino.
         Pero, ¿quién era A. C.? La pregunta es un tanto retórica, desde luego, todo el mundo conoce a A. C. Para ser más exacto, supongo, la pregunta debería formularse en los siguientes términos: ¿Quién era A. C. para mí?
         Resulta imposible ser objetivo: conozco a A. C. desde hace tiempo, vivíamos en una ciudad pequeña, aunque en aquel entonces no coincidimos más que en contadas ocasiones. No fue hasta el final del instituto y más tarde en la Universidad, la prestigiosa Facultad de Letras, cuando empezamos a tratarnos. Nunca me cayó bien. Nunca hubo entre nosotros eso que llaman “feeling”. No me llegó a engañar con su forzado encanto, su aparente cultura, sus comentarios prefabricados, ni siquiera la primera vez, cuando coincidimos alrededor de una mesa, en el mismísimo Café Atlántico donde tuve que tragarme años después su presentación, e intentaba impresionarnos, a mí y a mis cuatro acompañantes, con sus comentarios irónicos, geniales, satíricos, profundos, intelectuales, eminentes, agudos, ocurrentes. Yo también escribo, nos anunció enfático en aquella ocasión. Todos le miraron como el genio en ciernes que creyeron que era. Yo, no. Intuí que se estaba creando un personaje, que tras aquella máscara de intelectualismo y afán artístico no había nada. Él no escribía. O no escribía como debía de hacerlo, como cualquiera que tuviera dos dedos de frente consideraría que debía escribir un escritor de verdad. Para él, por el contrario, escribir era una forma de seducir bellas estudiantes que se extasiaban ante su verbo florido, de impresionar a eruditos a la violeta en versión posmoderna, de seguir viviendo del cuento al persuadir a sus padres de que su hijo era un artista sin igual para que le pasaran un dinero que se gastaba en farras, nunca en libros. Nunca llegará a nada, me dije, nunca hará nada, estuve convencido desde aquel primer encuentro, lo saludaba por mera educación, pero me reprimía las ganas de decirle bien a las claras que era un estafador, un completo estafador intelectual. Me cohibió una excesiva buena educación. De buena gana, lo soñaría más de una vez desde entonces, le pegaría un buen guantazo en ese engreído rostro de nastuerzo pseudoilustrado.     
         Al contrario que él, yo nunca anuncié a bombo y platillo que sería escritor. Simplemente escribía y sobre todo leía, estudiaba, pensaba. Me había tomado muy en serio el ejercicio de la escritura. Nada de fiestas, de exhibicionismo, de ostentación, nada de apariencias, de alardes, de suntuosidad, era un modo de vida, una búsqueda ajena a la mirada del mundo. Mientras él pasaba las noches de bar en bar, bebiendo, ligando, exhibiendo una apariencia de chicomalointelectual, yo me pasaba las noches entre libros. Es verdad que tuve algún devaneo y amé a una mujer que me abandonó, se aburría seguramente, pero tenía un objetivo, un fin. Pronto publicaría mientras que él, me dije, acabaría de oficinista añorando sus años de juventud.
         A todas luces no fue así. Allí lo tuve aquella tarde en el Café Atlántico, pavoneándose ante los invitados, mostrando todas sus coloridas plumas, abrazándome una y mil veces, “qué bien que hayáis venido todos”, me espetó feliz, ajeno al odio proyectado desde mis ojos. Y recordé el día en que se presentó con cinco libros bajo el brazo, mi primera novela, nos anunció, pero cuándo tuvo tiempo, pensé, para escribirla, y nos la regaló, leí las críticas antes que la novela, todas elogiosas, hablaban de gran promesa, de genio a pesar de su juventud, de talento sin igual, no es para tanto, consideré creyéndome imparcial, mientras mi primera recopilación de relatos que publiqué unos meses después pasaba por completo desapercibida. C. A. volvió a saludarme, inmensamente feliz, “mi amigo del alma”, sonreía fanfarrón mientras miraba de reojo a todos los lados. Le odiaba, le odiaba profunda y desesperadamente.

Juan A. Herrero Díez

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ESCRITOS DE DAVID CAMPOS
Y BLOGS DE INTERÉS SOBRE ESTE AUTOR:




¡Pastorcillos, venid tranquilos, venid cariñosos, suspirando el jazmín de los ceniceros!
¡Venid pastorcillos y no preguntéis, ni que hacemos, ni quienes somos!
¡Vosotros ya conocéis el comportamiento del rebaño manso, pastores amables!
¡Vosotros, pastorcillos, encarnados en una bolsa de basura, con la barba impávida!
¡Vosotros, pastorcillos nobles ancianos, ya habéis visto los pisos de protección oficial, en vuestra agudeza!
¡Pastorcillos buenos, rebosantes de sabiduría, conciencia y gulas del norte!
¡Pastorcillos de ganado, sois eternos pastorcillos de ganado!
¡Pastorcillos de misales, sois también pastorcillos de misales!
¡Pastorcillos de criaturas sumisas, sois viajero pastorcillo!
¡Venid, ánimo pastorcillos!
¡Vosotros, pastorcillos, estabais en vuestra cena, pastorcillos, tan tranquilamente!
¡Vosotros eráis pastorcillos de comida, estabais también en el supermercado!
¡Y estabais mendigando en el puente aéreo!
¡Y estabais, pastorcillos efímeros, con el estómago lleno!
¡Pastorcillos, venid hoy, no esperéis!
¡Venid joviales, ánimo pastorcillos!
estribillo (3 veces):
¡Explicad vuestros chistes!
¡Explicad vuestros chistes!
¡Explicad vuestros chistes!

***

La puerta del ambulatorio gira hacia la derecha y yo entro.
El médico me recibe:
-¿Verdad que no has follado?-
La puerta del ambulatorio ha golpeado la nariz de la vieja, turno siguiente.
El médico me pregunta: -¿La más?-
La puerta del ambulatorio esparce los cristales sobre la nariz de la vieja tumbada en el suelo.
El médico me pregunta: -¿Es verdad que tienes respeto por mí? La puerta del ambulatorio empieza a girar sola dado su mecanismo electrónico. El médico me pregunta: -¿quién soy?-
La puerta del ambulatorio cae encima de la vieja y le destroza las costillas. El médico me pregunta: -¿Has matado?-.
La puerta del ambulatorio clava despiadadamente las juntas de aluminio en los ojos de la vieja.
El médico me da las recetas y se despide con un cálido apretón de manos, después de solo haber dicho, SI.
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SELECCIÓN DE POEMAS
Por Daniel Requelme

Chica caliente sobre las flores

Demasiadas evocaciones
frotando la copa de los árboles
y no todas ellas troncos, de la misma hoguera.

Casa
que alguna vez,
pensó dejaría de pertenecerle,
cuando no hallaba
la manera de introducirse en el mundo
y sus gestos pasaban de una manera imperceptible.

El vino
como ahora
calibrando las emociones
derramándose de una manera extremadamente singular.

Por
cada voz
que se lleva el viento
la intención de vivir en todos ellos
pero;
la ciudad construye el muro
y
uno
queda solo
arrepentido,
de no haberse ocupado de la propia vida.

Ella sabe,
chica caliente sobre las flores,
todavía hay tiempo de su tiempo.
Tomará, la decisión de volver a empezarse.

***



SIN PALABRA

Me intimida


cuando demora la palabra,



el crecimiento de las cosas.





Soplado, desde adentro por atroces imágenes.



el ojo



sabotea la represión del caos.





Duele



lo que no puede nombrarse,



el dolor de no suplir la ausencia.





Duelen mudas lágrimas, duele.


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SELECCIÓN DE POEMAS
Por Mabel Alicia Yones

Ahora estoy de regreso.
Llevé lo que la ola, para romperse, lleva
-sal, espuma y estruendo-,
y toqué con mis manos una criatura viva;
el silencio.

***

Yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro. Yo me acostumbro a estar sin ti. ¿Lo entiendes? Quiere decir, amor, que no amanece; quiere decir que aprendo a abrir los ojos sin tu beso. Quiere decir que olvido, amor, que yo te olvido.

Como un morirse lento, implacable, a pedazos, yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro. Y acostumbrarse es una cosa oscura, es una cosa eterna, sin caminos, como un caer, caer en el vacío.

Yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.

***

Yo presiento su risa
-y en mis versos su huella-.
Y la risa que pasa,
y la duda que seca.

Todo presiento, todo,
lo que pasa en la tierra:
la caricia y el llanto,
el beso y el poema.


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Milagros Guillén Moreno (México)
Se vende mi país

Se vende mi país con todo y gente. 
Se vende la palabra Independiente. 
Yo no lo vendo No! ...
Por que lo quiero.
Yo no lo vendo No!... 
Mejor me muero.

La patria se volvió nones y pares. 
Se vende hasta el fondo de los mares. 
Se venden sus montañas y sus ríos. 
Se venden sus calores y sus fríos.
Se venden sus oasis y sus flores.
Se vende el amor de sus amores.
Se venden las arenas del desierto.
Se vende todo lo vivo con lo muerto.

Se vende lo mas querido y lo mas profundo
Se vende lo que espera la esperanza
Y el ansia del amor que nunca alcanza
Se vende mi país se vende en frío
Lo único que tenia que era mío
Yo no lo vendo No!... porque lo quiero
Yo no lo vendo No!... mejor me muero


Yo no lo vendo No! Porque lo quiero.
Yo no lo vendo No! Mejor me muero...
Se vende el ejemplo de aquel padre
Se vende a la mama...Qué Poca Madre!!!
Se vende mi país y yo me chingo.
Se vende al extranjero y a lo gringo.
Se venden sus memorias y sus recuerdos.
Lo avientan a la hienas y a los cerdos.

Se vende mi país puro y entero,
Se vende, por un puñado de dinero.

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SELECCIÓN DE POEMAS
Por José Icaria


Éramos puros e inocentes, pero ya no


Éramos puros e inocentes,
pero ya no.
En nuestra mirada,
refulgía la llama
esplendente y blanca
de la pureza ilimitada
y la inocencia.

Nos hablaban de crímenes,
atrocidades pasadas,
pero el nuestro era un mundo
esplendente y blanco
de pureza ilimitada.

Pero ya no.

Ha habido guerras y epidemias
adosadas
al envés de la espalda
y, de ser una carga,
pasaron a nutrirnos.

Nos estaban esperando:
¡Adelante!
Vamos, si está muy rico,
toma otra cucharada:
zumo de niños muertos,
para que crezcan fuertes
y sanos los niños buenos.

Pero ya no.

Hemos vendido a sus hijos,
         prostituido a sus madres,
         asesinado a sus padres
(fomentando guerras lucrativas),
         diezmado poblaciones enteras
(traficando con recursos básicos),
         expoliado países,
         desgarrado naciones,
tantas, tantas atrocidades
que, de nuestra boca,
no cesa de manar sangre.
Y, por mucho que querer queramos
jugar al juego blanco
de la pureza esplendente y blanca
y la inocencia,
nuestras manos,
torvas y ensangrentadas,
no saben ya donde esconderse,
y nuestra mirada,
criminal,
torva y ensangrentada,
de niños que se hicieron
altos y fuertes
bebiendo
el zumo de la muerte,

no sabe ya donde esconderse,
sumida en unos párpados
que rezuman
oscuridad y muerte:
cifras e informes,
nichos y simas,
avenidas y mares,
sobre los que cabalga
frenética la muerte.

Y, qué queréis que os diga:
ya no, mis odiados cómplices,
ya no.

***


Nuestros demonios aúllan fuera


Nuestros demonios aúllan fuera,
y las ventanas tiemblan pavorosas,
en la larga noche corrompida
de las verdades temblorosas,
hechas al fin verbo, al fin carne, al fin trueno,

y,

ja, acostumbrados como estábamos
al traje cómodo y recién planchado
de las cosas que van bien,
y de repente, otra vez,             
con los huesos a la intemperie,
y la muerte, socavando nuestros pies.

***

Clic


Clic,
enciendo la tele,
y hay una ministra
que parece la dama de Elche,
diciendo mireusté,
y todas esas ventosidades
que nos tienen tan acostumbrados
a escuchar:
“me gusta que me haga esa pregunta”,
y claro, sospechamos el porqué,

y pasa lo de siempre:
al final, no escuchas nada,
y todos esos fonemas, esa verborrea
inútil y sin sentido,
acaba por formar una masa
densa y compacta,
una monumental
bola de mierda,
que amenaza con devorarlo
todo, tras el cristal.

Y clic, cambio de canal:
un  documental de animalitos
-para que luego digan
que no hay cultura
en las cadenas del estado-:
y he aquí la bola de mierda
-como antes le iba diciendo-
trabajosamente arrastrada
por un escarabajo pelotero,
que, tras una ardua jornada,
consigue enterrarla en su agujero.

Y clic, cambio de canal:
no veo nada, no sé qué veo:
ah, una pelota de golf,
y alguien, que la extrae del agujero
(un oasis
en medio del desierto):
y claro, corbata, voz engolada,
me apunta con el dedo
(pero no es él quien habla,
es la misma voz de siempre):
   -Para ti  que lo mereces,
un detalle de exclusividad.
Me giro, no hubiese alguien detrás.

Y clic -sin remedio- una vez más.
Pero, hombre, ¿qué veo?
el viejo Paul Newman,
comiendo desaforadamente huevos
en el triste canal de las películas trasnochadas.
Y, yo también soy Paul Newman,
Engullendo, sin decoro,
sus intragables huevos de oro.
Pero no, no soy, no somos Paul Newman,
porque, si lo fuéramos,
cogeríamos sus malditos huevos podridos
y se los estamparíamos en la geta a más de uno.
Y, de paso,
una buena patada en el culo.

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SONETOS
Por Rodolfo Leiro

VIEJA AMIGA

Vieja amiga, afectuosa complaciente
de mis años de lujosa efervescencia,
de los cándidos secretos, la prudencia
y la cómplice sonrisa confidente;

en el ruedo del estío y la esplendente,
la juvencia de la hedónica existencia,
¡tu consejo sin la mínima experiencia
a la núbil esperanza adolescente!

Y los años, con su curso displicente,
se llevaron tu presencia, tu indulgente,
tu gloriosa compañía de mi día;

hoy te evoca mi vejez ambivalente
como sueño que rodara por mi mente.
¡ Me hace falta tu consejo, amiga mía!

Construido el
18 de setiembre de 2011- para
“Esquinas Bohemias,” Hora 12,17

Rodolfo Leiro

***

INTUICIÓN

Intuyo, que en verdad, me voy secando,
 árbol vetusto que el viento lo derriba,
un etesio que impide que te escriba,
efigie de poeta vencido,  desplomando;

glorioso tiempo aquel peregrinando
en navas de un bohemio cuesta arriba:,
sembrando en cada milpa, fiel amiga,
para que brote mi canto, navegando

por el espacio azul, mi verbo blando
que expande su ternura caminando
llevado por los cirios color miga;;

 en el mundo de paz que fui alumbrando,.
por los tiempos eternos voy dejando
mi verso con la forma de una espiga..

Construido el 25 de Septiembre de 2011
 para “Esquinas Bohemias”
Hora 13,01

Rodolfo Leiro.


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EL MUNDO QUE QUEREMOS (IRONÍA)
Por Carlos A. Badaracco

Intuyo que la sociedad entera
seguirá exponiendo sus obras de arte:
prostitución,
indigencia,
indignidad,
hedonismo,
sacrilegio,
¡y todo será gratis!
Perversidad,
indigencia,
Encono,
Desaliento;
para disfrutar noche y día,
del colosal entretenimiento,
marchando hacia la osadía, la paranoia y la locura,
con pasión desmedida, eso no hay que dudarlo.

Sé también que elevaremos por encima de la misma esencia
la presencia de los truhanes de costumbre,
los avivados,
los violadores,
los corruptos,
los infelices politiqueros,
los mercaderes de la infamia
los curas sacrílegos
los puritanos enfermizos.

Yo sé que seremos felices
que cuanto más te especialices
en ser un bellaco de carrera
más amigos tendrás
que se limpien en tu camisa,
la baba del interés,
los mocos de la envidia y la altivez,
y la osadía enfermiza,
de ser los infectos de siempre:
sinvergüenzas, consentidos,
grandes productores mediáticos,
que viven del culo,
de una teta bonita,
que se babearán mirándolos
y mostrándolos por los medios
manifestando su hermosa pasión
por masturbar sus ideas

Quizás sea esa masturbanda
la que gobierne el país en el futuro
o se deslicen entre las tinieblas,
fabricando inmundicias,
ideadas para satisfacción
de los placeres usuales.

¡Pobrecitos los angelitos!
están de capa caída,
porque siempre hay
un morboso importante,
que le arrebata la cancha,
no puede el pobre infeliz
desarrollar sus talentos
y entonces se deprime
exaltando sus vicios ¡solo!…

¿Qué haremos sin todos ellos?
¿cómo miraremos la tele?
Seguro pondrán programas culturales
que nos fastidien  las horas
con las pinturas de Soldi,
las obras aburridas de Borges,
las exposiciones del Louvre;
o bien la música pesada de Bach,
Beethoven o Vivaldi.

Seamos justos amigos
la libre expresión debe alentarse
para exaltar las pasiones
del sexo, la ignominia y la barbarie.
Usemos la inteligencia;
estimulemos más la ignorancia,
la más ignota distinción
por el saber es arrogancia
el placer de los efímeros ricachones,
que sin sentido promulgan
educación a destajo
eso sí que es un asco;
son locos con retardo;
mirá que alentar el saber,
eso es de tontos palaciegos,
de insignificantes intelectuales
que viven de libros y del ocio,
son los infelices de opio,
los moradores del tedio
infelices cementerios
de la cultura omnisciente
un vicio tan complaciente,
como la cognición, el saber,
dos pecados tan viles,
que se quedaron en el tiempo
¡viva el vicio y el desenfreno!
ellos son amigos de verdad
alentemos la “paz”
para alentar también la guerra
con la ignorancia en las manos...


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