martes, 30 de noviembre de 2010

6º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA



6º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL
NEVANDO EN LA GUINEA
NºL de la 2ª Etapa/01-12-2010



EDITORIAL L
Tres nombres: Berlanga, Matute y Castellet



Este mes de Noviembre tres son los nombres que han destacado en España: el de Luís García Berlanga, director de cine, que falleció a mediados de mes; el de la escritora Ana María Matute, que ha obtenido el Premio Cervantes de Literatura; y el del editor y escritor Josep María Castellet, que ha obtenido el Premio Nacional de las Letras.



Los tres coincidieron en el tiempo, nacieron poco antes de la Guerra (in)Civil Española y maduraron personal e intelectualmente en una España aislada, con una tradición cultural quebrada por el trágico enfrentamiento militar y una dictadura que durante años mantuvo al país aislado del mundo. Además, buena parte de los cineastas y escritores españoles vivos se exiliaron y continuaron su labor creadora fuera, en América o Europa, mientras que apenas un puñado de autores continuaron en esa España sombría que comenzaba a reconstruir los espacios culturales.



Muchos jóvenes del momento con inquietudes tuvieron que partir de cero, huérfanos en cierto modo de referencias artísticas directas. Sin embargo, la necesidad de expresión pesó más y poco a poco iniciaron su labor creadora que fueron conociéndose a medida que se iban reconstruyendo las nuevas redes culturales.



Luís García Berlanga formó parte de la primera promoción del madrileño Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas en 1947. A partir de entonces inició una larga carrera como guionista y director. Sus películas eran surrealistas, burlescas, críticas, con no poca mofa de una España que intentaba salir del aislamiento -como «Bienvenido Mr. Marshall», una de las más conocidas popularmente por la enorme sátira del momento histórico- o con un trasfondo moralmente dramático -«El Verdugo», sin duda una de las mejores películas españolas de todos los tiempos-. Berlanga formó parte de un grupo de cineastas, junto a Juan Antonio Bardem o Miguel Azcona, entre otros, que marcó el cine español del siglo XX.



Ana María Matute, por su parte, también estuvo marcada por su época y por la Guerra. Forma parte de la denominada Generación de los Cincuenta, junto a escritores como Carmen Martín Maite o Caballero Bonald, aunque estuvo menos limitada por el realismo imperante y supo mezclar la imaginación con la realidad de un modo admirable. Autora de relatos cortos, recientemente recopilados en el volumen «Paraíso inhabitado», destacan algunas novelas como «Olvidado Rey Gudú» o «Torre Vigía». En cierto modo se caracteriza por su fantasía a la hora de narrar sus relatos y por el estrecho vínculo que supo tejer entre vida y literatura, dos facetas de la misma experiencia vital, hasta el punto de reconocer en una reciente entrevista que está viva porque escribe.



Josep María Castellet, por último, es un editor barcelonés que ha unido en gran medida la cultura catalana con la del resto de España, en un momento, el del franquismo, en que las lenguas distintas al español sufrían no pocas dificultades para su propia vigencia cultural por una política reaccionaria y estrecha. Promocionó en los años sesenta a un grupo de poetas y narradores catalanes, los novísimos, y que supusieron un momento de efervescencia cultural en Barcelona, con nombres como Ferrater Mora, Terenci Moix, Rosa Regás, Ana María Moix o Manuel Vázquez Montalbán, y que se unieron a otros escritores barceloneses como los hermanos Goytisolo o Juan Marsé, en un momento además en el que algunos escritores latinoamericanos aterrizaron en la ciudad. Recientemente ha publicado un libro de memorias con el título «Seductores, Ilustrados y Visionarios» que habla en gran medida de esos años sesenta en una Barcelona activa y culta.



Como siempre, queremos unirnos al homenaje a Berlanga y nos congratulamos con el acierto de los dos premios. Tópico manda: lean sus libros si no los han leído, vean las películas de Berlanga y repitan, si ya han tenido el gusto. Es nuestro mejor homenaje.



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ELEGÍA PARA MICHAEL JACKSON
Por Cecilio Olivero Muñoz



Tu apellido británico se abraza a tu derrota de gigante,

tu nombre evoca una lucha de abismos en el sueño.

La piel es una paloma que vuela a ras de suelo,

la piel es una verdad que canta otra mentira.

Renunciaste al marrón de los barriles y de los cueros secos,

y al cromosoma iracundo de los salvajes muros,

al marrón del chocolate y al marrón del barro,

al marrón de la culpa y a la piel de la patata,

renunciaste a ser lo mismo, como la Coca-Cola,

y al suspiro en la cocina de una esposa sumisa,

quisiste ser un niño nuevo tras esconderte en el celeste,

celeste niño-grande que se imagina otra nueva infancia,

quisiste ser irrepetible como un cromo único,

quisiste ser amigo del rubio niño, puro e inocente,

quisiste ser padre de la tarde inalcanzable,

de la acequia junto a la calzada, del reguero de las aceras,

quisiste ser el tricolor semáforo crepuscular,

anhelaste en un puño la rosada mejilla holandesa,

deseaste lo imposible de las semillas vacías,

te enfrentaste a la noche que acecha tu verdad sola,

cumpliste la primera utopía de los amantes distintos,

se rieron de ti los negros basureros de San Francisco,

te cambiaron la sonrisa dedos índices acusatorios,

calumniaron tu casa las madres del don exclusivo.

Esta elegía quiere ser rezo profano que no sabe rezar,

quiere ser por que no quiere ser más nada,

quiere ser palabra que calla y no quiere callar,

quiere ser tributo frente al ruido del silencio,

quiere ser sencillez y verbo, quiere hablar de nada,

quiere ser un poema para un muerto muy vivo,

un vivo está muerto cuando no dice nada,

una nada está viva cuando la dice el muerto.

En las urbes de hormigón se pudren los carteles

que anuncian el espectáculo de tu último silencio,

tu silencio es la palabra que faltaba, acaba en palabra,

empieza donde acaban las palabras,

porque prefieres ser eterno Peterpan que calla,

y calla para decirlo todo, nada es lo que calla.

Neverland se esconde en las esquinas del recuerdo;

pasado, si; la vida es pasado temiendo un invierno.

Los africanos ancianos evitaron la visión de acuario

que plaga la noche en vigilia entre los filos del párpado,

han visto las acacias rendidas a su suerte de espinas,

han visto huir millones de inocencias circunspectas

en los hocicos del cachorro y la curada cicatriz,

han sabido del látigo, de la cadena, de la soga

en sombrías huellas que fueron testigo desde los puertos,

han conocido una llaga en la memoria del viento

en las heridas profundas que se ven desde afuera,

han visto con sus ojos el estigma vegetal que se olvida

y da nombre a la ignominia de todas aquellas cosechas,

(un siglo es infinito en una caja de zapatos)

(dos son anécdota que brilla entre níqueles usados)

(tres son pipa enmohecida y pitillera oxidada)

(cuatro son las polillas que mascan franelas del ayer)

cuando el hombre blanco quiso azúcar y algodón

iba el hombre negro a la par del mulo de arrastre,

cuando el hombre blanco quiso maíz y tabaco

iba el hombre negro tras la yunta de bueyes,

cuando el hombre blanco compró sus discos

estallaba la púrpura por aquellos bulevares,

cuando el hombre blanco contempló tus videos

daba el hombre negro color a los vagones,

el Bronx te busca el flow entre auroras boreales,

Harlem te deshoja como a margaritas del querer,

Manhattan es cumbre de espejos y sed de platería,

es refugio de pecados de apóstoles postmodernos,

es capricho de pioneros beatos y un manjar prohibido,

tú eres tierra prometida para luceros ya caducos

y un sol en mitad de una aurora que emerge de las cañerías,

algunos chicos indagan entre el sí y el no desflorado

y las estrellas guiñan una voluntad total de cobre antiguo,

en el corazón del lobo se encuentra tu derrota diaria,

los árboles centenarios conocen tu diáspora personal

de blues teñido y hojarasca otoñal y de llaga latente,

las vértebras de la madrugada persiguen su secreto

en la estación cercana y aledaña a la prisión,

los ritmos ya no se bailan como lo harías tú,

no existen ritmos que brillen con azul en los charoles,

ya no baila el foco fijo siguiendo tu estela brillante,

jamás se callan estrofa tuya por el puente de Brooklyn;

cerrojos pondría yo a las negruras que se cruzan contigo,

custodia de candados de acero entre tus pasos de jilguero,

y a las carreteras que solitarias reniegan de tu paseo

les haría retroceder de su tragedia de alquitrán y arena,

y a los caprichos que cavan en tu nombre de ángel ciego

les haría vomitar la hiel de sus hígados de plástico,

a las autopistas que van a parar al Hollywood de purpurina

les haría una zancadilla redonda con un estribillo tuyo,

a los cromados epitafios que claman un chiste absurdo

les haría llorar una súplica de lágrima efervescente,

a las ciudades que arrastran su epidemia en la niebla triste

les haría comprenderte como comprende lo que ama;

los gritos se tornan ardientes pavesas en la garganta,

los hemisferios respiran de la eternidad de los relojes

en el despertar roto de dichas que explotan de dóciles,

dóciles como cielo semicircular, dóciles como páramos

confiados que tejen un asesinato de amarillos imposibles,

son dóciles por que la escuela boricua blanquea al norte,

blanquea la fría sopa servida y agazapada en la carne;

los videos que no protagonizaste duermen en los anaqueles

y están plagados de tedio y de resignado infarto,

las hormigas te deshacen la forma de obituario para mercado

que se despedaza pausadamente en el asfalto mojado,

las golondrinas han dejado huella entre tus labios

con sus patas cortas y torpes

y han rescatado de tus ilusiones cien besos angulares,

las cartas ya no se escriben con la tinta perfumada

de las amatorias misivas, las promesas son lápidas lisas

que no ceden su presencia de puntos finales tajantes,

y un abogado cobarde señala a tu piel sacrificada

y frivoliza y menoscaba tu fértil balada viva,

el asesinato de tu enseñanza y sacrificio desnudo

no lo verán los gusanos con hambre fermentada,

las televisiones premeditan frías falacias trituradas,

y un pliegue de tu hermosura virgen se escapa

de las manos hacia lindes que ríen esclavas del aire,

los narcisos te avisaron de tus primeros dientes de leche

y ahora los crisantemos no te pueden callar,

un perfecto enigma de inventario

discrepa con la canción que dejaste en un archivo.

Un archivo nunca olvidado que no puede dejar de existir.



***

Esta elegía podía haber sido una oda

si tú no te hubieras obsesionado

con la fármaco-maniaca suma de las posologías,

donde un doctor inepto vio un negocio

y tú viste el lugar perfecto para vivir.



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No tendrás valor





- No tendrás valor. -Te dijo.

Y te quedaste callado, sin saber muy bien qué responderle, tal vez porque en el fondo intuías que él podía tener toda la razón y que en realidad no te atrevías, que ciertamente te cautivaba la idea de hacer algo grande, sí, algo profesional, como decía el Lumbreras, pero que te cortaba participar en lo que estaba proponiendo ahora Marcelo, tenías miedo en el fondo porque estabas convencido de que no eras tú como los grandes, pero ni siquiera erais ninguno, ni tus colegas ni el propio grupo que formabais, como el Chino o el Mortadelo y sus respectivas bandas. Eso te daba rabia, mucha rabia. Te subías por las paredes porque te sentías de pronto impotente ante la vida, incapaz de tomar las riendas de tu destino, que era lo que decía Cheli cuando os encontrabais alguna noche y hablabais de las cosas del existir, aunque en ocasiones, en momentos concretos, en instantes de una súbita valentía, te creías que erais algo, que serías apto para dar un paso adelante, para llevar a cabo un plan cualquiera y salir exitoso. Lo habíais hablado antes una y mil veces, habíais comenzado a planificar algo, muchas veces habíais previsto hasta los detalles más ínfimos, nada quedaba a expensas de la improvisación, os decíais, estabais de repente convencidos de una pretendida veteranía que no era cierta porque luego nunca hacíais nada. Continuabais con vuestros chanchullos de barrio, sisando fuera, en la playa, jugando con los coches, porque a eso sólo llegabais, a robar algunos coches, dos o tres a la semana, que luego abandonabais en cualquier sitio después de haber jugado a las carreras con ellos, y más tarde, por la noche, cuando volvíais al barrio, repetíais de nuevo todos los planes que habíais concebido hasta el momento, los más rocambolescos y los más serios, les dabais vueltas y más vueltas para luego volver, al día siguiente, a los mismos gestos, a los mismos hábitos, a las mismas chanzas.

Pero esta vez Marcelo lo estaba planteando en serio. Un buen golpe, dijo y os miró a todos, uno a uno, un golpe de verdad, continuó y sólo le faltó añadir: que nos haga hombres, que nos saque, en un tono dramático lo diría si hubiera llegado a expresarlo, de este aburrimiento vital atroz. Todos se emocionaron, expectantes, era el momento, ahora sí que podíais. Tú no, te callaste primero y luego comenzaste a poner pegas. Pero al final, como viste que los otros se entusiasmaban, como te dio miedo quedarte solo o que te llamaran cobarde o que se rieran de ti o simplemente no dar la talla, más por ti mismo que por los demás, aceptaste.

- No tendrás valor.

La voz de Marcelo sonó dura tras un silencio largo que siguió a un comentario tuyo, a medio camino entre la osada valentía y una repentina prudencia. Os mirasteis y no disimulaste un profundo rencor hacia él, que hasta ese momento había sito un mito, un héroe para ti. Estabas harto de pronto de la primacía de Marcelo, de ese tono de superioridad y de gallito. Además, te estaba siempre enjuiciando, te miraba por encima del hombro y parecía estar convencido de que tú no eras nada a su lado, sólo una sombra, un apestado incluso. Los demás te miraron igual, lo notaste, con una cierta distancia, una más que evidente burla y no poda indulgencia. Te retaban.

- Lo haré.

- Todo ha de estar bien atado.

Esta vez Marcelo se lo decía a todos. No te repitió lo del valor, era un sí a todas luces. Te admitía, había sido sólo una chulada, un modo de aumentar la tensión, de dejar claro además que él era el jefe, el que admitía o rechazaba a quienes estaban en la banda, igual que hacían otros jefes. Recordarías tal vez los grupos que se formaban en la escuela, durante el recreo, en el que un pretendido capitán de equipo iba escogiendo para los partidos de fútbol a los jugadores de entre los compañeros que formaban sobre el patio en hilera, ansiosos todos por ser elegidos. Era un juego de niños, pero ahora volvía a ser como entonces, aunque ahora le dabais una patina de seriedad, de dramatismo, y el jefe, en este caso era él, sin que nadie, como ocurría en la escuela con los pretendidos capitanes de equipo, lo hubiera elegido y mucho menos legitimado.

- No tendrás valor.

Te repetías la frase una y otra vez, en un retintín molesto, mientras escuchabas a Marcelo prepararlo todo. Tus colegas atendían a sus palabras con verdadera devoción, como si fuera un guía único, inigualable, mientras que tú intentabas sacarte de la cabeza la acusación feroz. No podías menos que reconocer que, aun cuando te dominaba no poco rencor por haberte convertido en el blanco de sus iras fruto de su caudillaje, la verdad es que siempre había gozado él de esa propensión a liderar el grupo. Lo conocías bien, desde niño y siempre había logrado dirigir a quienes le rodeaban. Un líder nato, dirían, alguien que consigue embelesar. Y os embelesaba, cierto, aunque a ti lo que en ese momento resonaba en tu cabeza constantemente mientras él hablaba era esa afirmación que te gustaría sentir como gratuita, banal, jaranera, pero que en realidad te hería profundamente por ese sospechoso presentimiento de que pudiera ser cierto, de que carecías realmente de valor y que nunca llegarías a nada.

Y mientras te debatías en esa amalgama de sensaciones e ideas, de impresiones e intenciones, Marcelo acabó de desgranar el plan y realizó el gesto que te impresionó y con el que buscaba a todas luces demostraros lo serio del proyecto, que no se trataba de uno más de vuestros juegos de chavales de barrio y que ahora ibais a dar, en efecto, el paso que os sacaría del anonimato, de la niñez, de las sombras de vuestro rincón urbano, que os iba a poner de modo definitivo en vuestro lugar, donde os merecíais, en el lugar al que aspirabais y al que Marcelo os conducía, gesto que no fue otro que acabar de pronunciar la última palabra y sin más acercar la bolsa que había dejado junto a la puerta cuando llegó, ponerla sobre la mesa y, añadiendo expectación, sacar las armas, un puñado de revólveres metalizados que brillaban, o así te lo pareció, hasta el punto de volverse el centro de la escena, como si estuvierais en uno de esos cuadros cuyas láminas observabas junto a Cheli a veces para entreteneros y en el que todas las figuras y objetos envolvían un punto concreto al que se dirigían todas las miradas.

Os distribuisteis las pistolas. Pesaban. El metal era frío. Con esto, pensaste, puedes matar a alguien. Te lo imaginaste. Apuntar a una persona, apretar el gatillo y entonces una vida se desvanecía por completo a voluntad tuya, un gesto de tu dedo y adiós a la vida. Una pistola, pensaste, esto era otra cosa, no pasear con una navaja en el bolsillo, no mostrarte pendenciero con tus puños, tu mirada, tus palabras ofensivas: otra cosa. Una pistola, pensaste, te daba el poder, tenerla en las manos te convertía de pronto en un hombre distinto, quizá en un hombre que dejaba atrás el ser un mero muchacho de barrio, ser un hombre. Ahora sí, serías capaz de todo, se lo podrías decir bien claro a Marcelo, tendré valor, oye, no es verdad lo que dijiste.

- No tendrás valor.

Marcelo dijo que él guardaría las armas. Era lo más seguro y así lo comprendisteis todos y nadie puso reparos y devolvisteis las pistolas para que Marcelo las custodiara hasta dos días después, que fue la fecha acordada y que esperabais como agua de mayo. Sacasteis unas cervezas, había que celebrarlo, echasteis unas risas y por una vez en la vida te sentiste a gusto con el grupo, eras uno más, tu vida tenía sentido porque pertenecías al grupo, sabías que lo conseguirías y se sentirían orgullos de ti como tú mismo te sentirías orgullos de ser uno más.

Saliste del edificio sintiéndote ya diferente. Eras otra persona, otro hombre, alguien capaz de emprender grandes proyectos, cumplir con su destino. Y marchaste por calles vacías y en penumbra con las manos en los bolsillos, ajeno a lo que te rodeaba, orgulloso de lo que eras, de lo que ibas a ser y hacer, de lo que ibas a lograr. Las esquinas estaban desiertas. Era tarde ya. Te encaminaste hacia tu casa y mientras andabas te preguntaste una y otra vez cómo saldría todo. Bien, seguro, murmuraste, aunque no las tenías todas contigo. Podía salir mal, pensaste, podías morir, pero en tal caso morirías como un héroe, qué importaba, no le tenías miedo a la muerte, no le tenías miedo a nada y eso te hacía ser el más grande.

Pensaste en Cheli y te entraron de pronto unas ganas inmensas de verla. Era una buena noche y te apeteció estar con ella, contemplar aquellas láminas que tanto le gustaban y, por qué no, amarla ya como lo que eras, como un hombre que a todas luces tenía valor, todo el valor del mundo.



Juan A. Herrero Díez


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LOS ÚLTIMOS GOLPES DEL CAPPLANNETTA
Por Cecilio Olivero Muñoz



CULTURA



Recuerdo que me dijiste:

-Toma, culturízate-

Tirándome a la vez el periódico

con todo el desprecio del mundo.

Me pregunto que será de tu vida

y de aquel desprecio grosero.

Me pregunto

si un periódico culturiza,

me pregunto muchas cosas.

Jamás encontraré la respuesta.



***



I HAVE A DREAM



No soñar

es lo más práctico,

aunque

siempre se puede

tomar café

para acabar roncando

con la lengua negra.



***



DAKAR



Paseaba por la playa en Dakar,

negros mecían de tarde los restos,

las casuchas eran bienvenida de sal,

pueblo silvestre al lado del puerto.

Palma, caña y mediana luz solar,

testigo azul era aquel cielo,

la mar era solamente mar,

aquel azul era crudo y esbelto,

aquella paz era todo mi hogar,

me desperté, y todo era un sueño,

y yo ya no estaba en Dakar,

frío hormigón clama mi encierro,

todo era asfixia y ley por sentenciar,

sol traicionero de un verano lento,

sueño que es sueño, y nada más.

Viento suave por el patio trasero,

brisa fixa de ámbar y oscuridad,

que viene el azul cruel y siniestro,

rectangular paraíso sin baobab,

túnel que trae otros vientos,

corriente fresca y seca es mi paz;

estáticos, esquivos, mis pensamientos,

con sonrisa fixa semi circular,

respiro y miro pasar a los presos,

confundo rejas, confundo a ras

los suelos de cemento sin paradero,

amos de la grosera inoportunidad,

estoy yo aquí y me hallo tan lejos…

de lo que deprisa siempre se va,

sorda deriva de mi desconsuelo,

hacia la brisa de sonrisa fixa se va

para la prisa, y la prisa sin pero,

y lo que para y espera aquí ya no está.

Ni está la playa, ni está el vocero,

la ruina mira su destino hacia atrás,

y está cansado de su lar el acero,

de su repetido sueño y su deambular,

ya no existe amigo de puertas adentro.

Se repite el sueño y el peregrinar

por paisajes de vidrio y terco tormento.



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TRES POEMAS
Por Cristian Claudio Casadey Jarai



Pavana para mi soledad



La languidez del crepúsculo límpido

Es el Minotauro enardecido

Que indolentemente

Con su halo eterno

Y su efímera flama escarlata

Pesa doliente

Sobre los hombros de mi conciencia.

No es divino el lamentar

Por aquellos Aquiles vencidos

Por aquellas Afroditas que sigue vírgenes

Ni por aquel dolor amargo

Que nubla mi vista.



***

Intrascendente



No sucede nada y sin embargo pasa de todo

Todo aquello que no quieres que suceda

Todo aquello que te atormenta

Todo aquello que te empequeñece

Todo aquello que acecha por las noches

Todo aquello que marca tus diferencias

Eres poco y sin embargo eres mucho

Mucho más de lo que piensas

Mucho más de lo que dicen

Mucho más de lo que sientes

Mucho más de lo que esperan

Y a pesar de ello

Vives en la intrascendencia

En la levedad

En la nimiedad

En la nada…



***

Todo para dar

No tienes nada pero tienes mucho

Eres rico en pobreza

No tienes dinero ni bienes

No tienes sabiduría alguna

Pero te sobran ambiciones

Mezquindades y envidias

Te sobran ganas de matar

A cualquiera que esté mejor que vos

A cualquiera que esté bien

Pues tu patética alma

Ha sucumbido en las profundas arenas

Del abismo de la miseria.



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BAJO LA LLUVIA



Bajo la lluvia

todo está en silencio.



Las calles

Las plazas

Los mercados



Cuando salga el sol

la vida parecerá

que renace de nuevo,

pero mientras la lluvia

no para de caer,

calándome hasta los huesos,

invadiendo mi espíritu

de nostalgia y recogimiento.

Lejos de un día cualquiera

de mayo,

con sol y esplendor

a un tiempo.



M. Carmen Roig

3 de mayo 2010

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DOS POEMAS TEMPOREROS
Por Cecilio Olivero Muñoz


CAMINO

Camino de lo no-llegado,

supervivencia en el azar del suspiro,

camino hacia un futuro fragmentado

sabiendo que hoy y mañana fui niño,

no lo puedo olvidar, no, no puedo,

lo recuerdo detrás del anteayer,

lo quiero asesinar en mi vejez,

me espera jugando con el porvenir

mientras respira atado a mi sueño.



***

DEMASIADO HUMANO

Todo seguirá igual, todo ha de ser lo que fue,

por más que mis dulces demonios insistan,

por más que mi ángel tonto lo evite,

todo, absolutamente todo seguirá igual:

los bebés maman de su paraíso transitorio,

los niños juegan con un sol que es mentira,

los adolescentes descubren la espina en el jardín,

los adultos andan descalzos entre sombra y reloj,

los ancianos huyen del frío febril del calendario,

en los hospitales espera bicéfala la vida total,

los cementerios son aquella espina sin jardín ya.

Los hombres caminan entre síes y noes,

entre diástoles y sístoles, entre ilusión y patraña,

entre aniversarios y funerales, entre gentíos y soledades.

La mujer y el hombre son escarnio que fruto da.

Todo seguirá igual, por más que cambien

los tiempos, por más que cambien los climas,

por más que cambien las cosas,

todo, absolutamente todo ha de ser humano,

demasiado humano para ser puro y santo.

Lo consagrado también se pudre de veras.


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lunes, 1 de noviembre de 2010

5º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

5º NÚMERO DE LA REVISTA NEVANDO EN LA GUINEA
 
5º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

MENSUAL DIGITAL
NEVANDO EN LA GUINEA
NºXLIX de la 2ª etapa/ 01/11/2010

EDITORIAL XLIX
Pasión por la literatura y el cine
Este pasado mes de octubre ha sido el del premio Nobel de literatura, que ha recaído en Mario Vargas Llosa. También hemos asistido a la muerte de un actor español entusiasta de su trabajo, un actor de la vieja escuela, Manuel Alexandre. Si alguna cosa vincula a ambos hombres, es sin la menor duda la pasión, una pasión enorme por la literatura y por el cine.

Más allá del Premio Nobel, que es algo subjetivo y una mera referencia social, nadie puede negar que Mario Vargas Llosa es uno de los mejores escritores en lengua española. Esperamos que la polémica alrededor del personaje no enturbie más el reconocimiento que merece su obra. Con ello no mostramos conformidad con las posiciones políticas del autor, no creemos que para reconocer la obra, el estilo, la estructura e incluso los contenidos de sus novelas haya que comulgar con su ideario, nada más lejos de la línea de esta revista que las posiciones políticas del autor peruano. Pero mentiríamos si no dijéramos que «La Ciudad y los Perros», «Conversaciones en la Catedral», «Lituma en los Andes» o cualquiera otra de sus novelas nos han dado momentos esplendorosos como lectores, e incluso ha podido influir en nuestro estilo.

Mario Vargas Llosa ha defendido a ultranza la pasión por la escritura y la lectura, dos caras de la misma moneda. Ha hecho de la literatura el pilar de su vida, su manera de acercarse a la vida, estemos o no de acuerdo con alguna de sus manifestaciones, también el ejercicio de la escritura y la lectura es una manera de ser incluso feliz y también de probar, experimentar, que al fin y al cabo eso es la vida en cierto modo.

Manuel Alexandre, por su parte, es uno de esos actores presente en buena parte de la historia del cine español. Comenzó a actuar en los años cuarenta y no ha parado hasta su muerte, actuando siempre en papeles secundarios, pero bien presente en todo momento. Al igual que el escritor peruano, el actor español nos ha mostrado que la pasión es un factor crucial en el arte y en la vida, que no están tan separadas como pretenden. Sin pasión, no hay vida, ni arte, ni nada.

Huelga decir que el mejor homenaje es leer, ver cine, apasionarse con la buena literatura, con la buenas películas. Es lo que más nos interesa de traer aquí a Mario Vargas Llosa y a Manuel Alexandre, recordar que nuestra vida es más plena gracias a la pasión que nos aporta el arte y que nuestra vida, sin arte, no sería vida.

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CRAPULATORIO
Por Cecilio Olivero Muñoz

QUE VIENE EL GATO

Desde la Tierra de argenta

vino un tipo singular,

poeta de los de absenta

y güisqui añejo en el paladar,

en el barrio de Gracia

tomó las riendas del pedal,

rimó en el otoño la rumba

y ebrio, muy ebrio su soledad,

casi se lleva a su tumba

el don de la originalidad,

él era un poeta Pérez,

gato, con mucho granito de sal,

él era la canción alegre

entre ventilador y vendaval,

forzaba la maquina a drede,

era gato que viene y se va,

él era ojo de mujer celeste,

él era el niñito de Mamá,

él era la lagartija verde,

era mitad de media mitad,

era juerga en un pesebre,

era Rey de su contrariedad,

era una balsa de aceite

y agua con radio actividad,

era su deuda pendiente,

era improvisada realidad,

era rima que pisa valiente,

era lo inusitado y lo inusual,

mezclaba literatura

con virus de toxicidad,

mezclaba rito en su frescura,

temperatura en la levedad,

era mentira sin las costuras,

parafraseo sin redundar,

era lo común sin ser corriente,

era gato pardo en la ciudad,

anestesia de mini-bar, dry latente,

delincuente de la ociosidad,

el son efervescente,

sabio de güisqui-bar, amigo ausente,

crapulatorio de nocturnidad.

***
ALGO SERIO

No me gustan las comedias románticas

por que el amor es algo muy serio,

el amor es algo tan serio

que bostezan las parejas su torpe repetición

en un lánguido pasillo sin auroras,

el amor es algo tan severamente serio

que muchos se tragan su orgullo

entre el bochorno del primer frío de calles

que gelatinan la baba del asco,

ante la moral que supera lo insuperable

y se hace vieja, y se vuelve inútil,

más inútil que el polvo que se sacude,

frente al daño que pellizca nuestra sed

cuando la voluntad es prieta impotencia

que enjaula al libre pero fugitivo intento,

el amor es algo tan despreciativamente serio

que muchos dan bandazos en lo mismo,

redundan como neonatos que maman,

como veteranos crápulas

que retroalimentan su adolescencia,

como agua en movimiento

que persiste entre la senda vegetal de acequia

porteando objetos vacíos por dentro,

busco rastro del ámbito donde todo sea

tan suavemente fácil

que estoy decidido a seguir engañándome,

quiero lo que está negado

y niego lo que es posible,

cierro todo un campo abierto

y abro dudas que son una medio verdad,

¿me contradigo en el placer sencillo

o me hallo entre lo imposible?

Las semillas custodian otro misterio infinito

y los laberintos son caminos huérfanos de horizonte.

Parece sencilla la vida

mientras la ingenuidad nos ilusiona,

parece pan comido este juego

y está podrido el postre más allá del ayer,

todos empezamos por dónde más nos gusta,

mientras fermenta nuestra exquisitez.

***
LA CASA APAGADA

A Z. R. V. O.; vivimos nuestro
día a día sin olvidarla.

Son las cuatro de la tarde

y todo un bostezo ocupa el lánguido tedio

de nuestra siesta matutina,

el perro duerme, la cucaracha duerme,

duerme la paloma, duerme la polilla,

y la basura ha dejado de ser el único sueño,

las señoritas duermen boquiabiertas

y roncan panza arriba,

los meandros han escapado de cuclillas

por la puerta principal,

el aburrimiento se extiende

como un ocaso que pretende estar erguido,

tres seres durmientes

y tres computadoras en vigilia,

son las cuatro y media de la tarde

y la casa parece inmaculada,

la televisión con su sobremesa encendida,

y el ayer deja un rastro en el silencio,

solamente nos queda el feliz aniversario

y es lo que más nos duele.

***
LIFE ON MARS

Tú tienes la televisión

encendida para ti sola,

alternas entre Netbook

y programas amarillos,

yo me conformo con Bowie,

con café, con cigarrillos;

Tú tienes Play Station, Prozac,

y las aplicaciones del Facebook,

yo me conformo con unir palabras,

con tu voz contra mi voz,

con resumir en una frase

todo un día insoportable;

Tú tienes todo un mundo

para mirar bajo sospecha,

yo no tengo sospecha,

y miro hacia la nada,

mi mundo ya ni mira;

Tú tienes la luz de las bombillas,

la sombra en los umbrales,

los reflejos en los quicios,

yo me conformo con tus sobras,

con tus destellos pacatos,

con la luz de tus sonrisas.

Vivimos lejos el uno del otro,

yo creo ser de Marte,

Tú en Plutón olvidaste el bolso.



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Fuga en Do Menor

Amaneció y los vecinos, al despertar, nos encontramos las calles repletas de furgonetas y coches de la policía. Agentes uniformados y armados hasta los dientes se paseaban por las aceras, a la espera de algo, no sabíamos qué. Qué ha pasado, nos lo preguntábamos todos no sin sorpresa y no poco de aprensión. Algo grave debía de estar ocurriendo, terroristas, murmuraban algunos con más que evidente exageración, para que se montara semejante despliegue, el mundo estaba muy mal. Pero no, al final, al poco rato, circuló de boca en boca algo que ya todos sabíamos: era por los talleres, se trataba de los telares de los chinos, el barrio estaba repleto de ellos, clandestinos, secretos, apenas visibles aunque conocidos por todos. Si uno paseaba por aquellas calles, apenas veía a los propios chinos, de tanto en tanto te cruzabas con alguno, silencioso, discreto. Pero los había a mares, aunque no los viéramos.

Fue en las antiguas fábricas donde colocaron sus telares. Compraron los solares y los adaptaron con suma discreción. Trabajaban todo el día, incluso por la noche, y a veces, cuando volvías tarde, escuchabas el bisbiseo de las máquinas. Trabajaban en ellos cientos de mujeres. No lo veíamos, pero se sabía. A veces llegaban hombres. Los dueños, los gestores, los veíamos entrar en los locales y se iban rápido. Apenas se relacionaban con el resto de los habitantes, eran comos dos mundos que existían juntos, pero separados, sin posibilidad de contacto. Tampoco molestaban y por ello no nos interesamos por lo que pasaba dentro de aquellos muros.

Bajé a la calle, fui al bar, a tomarme el primer café y leer el periódico. Me crucé con varios policías que parecían indiferentes a nuestra cotidianidad. No leí el diario, la noticia estaba ahí fuera. Llevan desde antes de abrir, me dijo Juanma. Vaya susto, le dije. Pues sí, respondió, hacía años que no había barullo aquí, desde las huelgas. De aquello hacía más de veinte años.

Vimos de pronto como salían de las antiguas fábricas los policías con las primeras mujeres a las que rodeaban y guiaban hacia los vehículos. No parecían, sin embargo, peligrosas, y no lo eran, sin duda alguna. Miraban al suelo, como indiferentes, como ajenas a lo que les estaba sucediendo, absortas en sus pensamientos y, en definitiva, como si todo aquel jaleo no fuera con ellas. Las distribuyeron en las furgonetas. Parece que dormían en los mismos talleres, dijo alguien detrás de mí. Vaya vida, exclamó un hombre a mi lado. Seguro que ellas son las que menos culpa tienen, comentó una mujer. Siempre son los pobres los que pagan el pato, añadió no sin poca rabia y una pizca de resignación. Algunas furgonetas arrancaron y desaparecieron tras la esquina. Los vecinos miraban desde las ventanas o algunos se paraban en la calle. Se hizo un silencio tremendo. No apetecía decir nada más, todo era demasiado triste. No los conocíamos, a los chinos, sobre todo a las chinas, vivían en su mundo, pero no era bonito contemplar todo aquello y qué menos que sentir no poca piedad.

Pagué el café. Salí del bar e hice varias gestiones antes de volver a casa. Abrí la puerta del portal, tenía ganas de dejar atrás aquel espectáculo. Me acerqué a los buzones y fue entonces cuando la vi. Estaba debajo de la escalera, escondida en un hueco amplio donde algunos vecinos dejaban las bicicletas, los carritos de los niños. Estaba sentada en el suelo. Temblaba. Me miraba con pánico. Nos observamos durante algunos segundos. Hola, le dije, y de inmediato me sentí algo imbécil por no haber sabido decir otra cosa, haber reaccionado de otro modo. Se puso a llorar. Sin sollozos, sin aspavientos, sólo derramaba lágrimas. Me acerqué. Ella se puso más tensa si cabe. Se echó para atrás, como si pudiera atravesar la pared que estaba a su espalda. Estiré los brazos hacia ella, lentamente, no quería asustarla todavía más.

- Tranquila. -Le dije.

- Tú no darme ellos.

Su voz era como la de una niña. No sabría decir qué edad tenía. Fuera sonaron sirenas de la policía. Eso le asustó todavía más. Sube conmigo, le dije, y apunté hacia arriba, hacia la escalera, a mi casa, añadí. Me miró extrañada. No supe si me había entendido. Ven, le dije. Hice un gesto con la mano. Se levantó. Le dejé pasar delante de mí y empezó a subir las escaleras.

Llegamos al segundo piso. Es aquí, le dije. Abrí la puerta y ella entró. Se quedó quieta en el recibidor. Pensé que tal vez no se fiaba mucho de mí, lo podía entender, pero no tenía muchas opciones, o era la policía o era yo, en cualquiera caso la incertidumbre. Pasa, le dije. No sabía muy bien qué hacer.

- ¿Lavabo? -me dijo-, yo sucia.

- Ven.

Le abrí la puerta del lavabo. Ella entró, avergonzada, tímida, cerré la puerta y fui hasta la sala de estar. Salí al balcón. Había todavía movimiento. Se iban algunas furgonetas, llegaban otras nuevas y de una fábrica cercana salían de nuevo grupos de policías con mujeres chinas a las que introducían en los vehículos.

Escuché que salía del lavabo. Entré y fui a la cocina. Saqué varias cosas para que comiera. Agarró con ansia algo de fruta, tenía hambre, y mucha además, no lo disimulaba. Me fijé más en ella. Era joven, pero seguía sin poder precisar una edad. Me pregunté qué íbamos a poder hacer. No podría salir de casa durante algunos días. La policía iba a merodear seguramente por la zona, sin duda no sería la única china que había escapado y buscarían a las fugadas. Eso me hizo pensar en mi papel. Estaba escondiendo a alguien. No sabía muy bien si las acusarían de algo, pero de momento yo estaba ayudando a alguien a fugarse de la policía y eso, supuse, debía de ser un delito. Claro que no era lo que más me preocupaba, por mucho que nunca hubiera tenido problemas con la ley y no me apetecía mucho tenerlos ahora. Pensaba sin embargo más en ella. Mientras comía, parecía reducir su temor hacia mí, pero no iba a ser fácil, estaba seguro, que confiara plenamente. Claro que yo no sabía muy bien qué hacer, como ayudarla. Me sentí perdido, desconcertado. Por ella, por mí. El mundo me pareció de pronto un lugar tremendamente incómodo.

Juan A. Herrero Díez

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La Leyenda del Puente de Piedra
Por Cristian Claudio Casadey Jarai

El clima del pueblo era realmente caliente. Ese día en especial había sido demasiado sofocante, tanto que no había agua alguna capaz de calmar la sed de Pedro, el jornalero.

El trabajo en el cafetal había sido especialmente duro esa vez. Las alimañas picaban sin cesar su sufrido cuerpo. Las gotas de sudor que se deslizaban por su frente nublaban su fatigada vista. Por suerte sus labores ya habían concluido. La noche se acercaba sigilosamente.

El patrón, satisfecho con las tareas realizadas por Pedro, resolvió obsequiarle un gallo muy obediente y fortachón. Pedro estaba muy feliz con semejante regalo, por lo que agradeció mucho a su jefe y emprendió su recorrido.

El camino hacia su hogar era largo y sinuoso. Las montañas parecían burlarse del hombre, quien en su pesar no hacía caso alguno de las bromas de la naturaleza indómita.

El manto oscuro y estrellado le jugó una mala pasada. La falta de luz hizo que pedro equivocara su trayecto, por lo que llegó hasta un río cuando se dio cuenta de su error.

- ¡qué me lleve el diablo! ¡Maldita sea mi suerte! – Gritó lastimosamente Pedro.

Un repugnante olor a azufre impregnó todo el ambiente. El Demonio en persona había acudido ante el llamado de Pedro, quien transpiraba todavía mucho más que antes.

- Ayúdame Satán – Dijo pedro.

- Aquí estoy a tu servicio – Contestó educadamente el Diablo. Pedro nunca imaginó que el famoso Príncipe de las Tinieblas era un tipo fino y educado, con buen porte y muy elegante.

- Conozco tu problema y sé que te has perdido. Puedo ayudarte a llegar a tu casa a cambio de un favorcito – Habló con cierta malicia el Maligno.

- ¿Y qué quieres de mí? Sólo soy un pobre jornalero que no tiene fortuna, mi único deseo es retornar a mi ranchito con mi esposa y mis queridos hijitos – Replicó con pesar Pedro.

- Construiré un puente de piedra sobre este río a cambio de tu primogénito.

Pedro lo pensó detenidamente. Necesitaba aquel servicio, pero el amor a su hijo no le permitía realizar semejante sacrificio cruel.

- Está Bien Satán, pero con una condición – Sentenció Pedro – Debes terminar el puente antes de que cante mi gallo al amanecer.

- Muy bien, que así sea entonces – Exclamó impaciente Lucifer.

Con todas sus fuerzas el demonio sacó y sacó piedras desde las profundidades de su Reino. La velocidad de Belcebú era verdaderamente escalofriante. Pedro estaba anonadado con el espectáculo infrahumano que transcurría ante su vista. El gallo se había despertado y miraba como el Diablo trabajaba sin cesar.

Ya casi estaba por amanecer. El Demonio sonreía placenteramente al instante en que sólo le faltaba colocar la última roca en el puente. Pedro, ni lento ni perezoso, hizo cantar de un puntapié al pobre gallo, quien lanzó su quiquiriquí como si fuera el último. Lucifer, engañado, se refugiaba en el abismo del Averno, mientras Pedro soltaba grandes carcajadas.

- No debí de ser tan confiado. Me has ganado en verdad, hay gente más deshonesta que yo – Pronunció Satán.

Y así fue como el famoso Puente de Piedra fue creado hace muchos, pero muchos años.



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Muerte por Amor

En una oscura y húmeda callejuela a altas horas de la ya entrada noche, una mujer muy bella iba caminando sola, por esas calles empedradas en las que sumergía sus pensamientos y en las que quería ver su reflejo; iba ataviada con un gran vestido de gala, con bordados, y piedras preciosas que se cubrían por una capa negra, que ocultaba desde el color de su cabello hasta la punta de sus pies.

No importaba si pisaba un charco y ese lodo la ensuciaba, no pretendía nada. Sólo caminaba y pensaba. El frío del otoño hacía que se perdiera entre la húmeda neblina que oscurecía más su cabello, como las lágrimas que iba derramando al hacerse presa de un pasado, de un dolor… su cara (ella pensaba) era cómo una máscara, un disfraz, como si en alguna ópera hubiera estado, enmarcando sus labios rojos y sus lágrimas negras causadas por su mismo maquillaje.

Lo único que se escuchaba esa noche era el eco de sus pasos… y en eso, dentro de un parque, voló un ave, un ave de color negro y salvaje; era un cuervo y su aleteo, despabiló su mirada y descubrió su faz, al quitarse la capucha de esa capa, dejando enmarcada su blanca y mortecina piel al reflejo de la luna…

El cuervo croaba, pero ella no sabía lo que decía, no le entendía, la veía con recelo, lujuria y pasión, como un ardor enfermizo… y ella hipnotizada por esa mirada encarnada en el propio fuego del averno lo miró y se enamoró de él, sin saber el cómo, ni el porqué.

Su misma mirada brillante lo atrajo hacia ella y él se posó sobre su hombro izquierdo, ya no se escuchaba nada más que el silencio en esa noche oscura y fría de otoño.

En ese instante, el cuervo, con su afilado pico, le quitó la capa, haciéndola trizas y acabando en el suelo, vio sus lindos hombros desnudos, blancos como la leche y quiso darle un beso; más no pudo, y así enterró su pico en su cuello, y mientras la sangre salía a borbotones, el mismo cuervo se entusiasmó más y con su mismo instinto animal y sin piedad, clavó sus garras en ella, y su pico en una de sus clavículas, para así, alimentarse de la sangre de una mujer que lo amaba, penetró en su carne, y con tanto dolor, ella murió, sin decir una sola palabra…

Ya que el cuervo se alimentó con su sangre y se comió su corazón, lleno de amor por él… la dejó muerta y sola. Nadie supo que pasó con ella, pero si pasan por esa antigua avenida de Londres, todavía se escuchan los pasos de aquella dama que se conjugan con el aleteo de un ave nocturna, una que desapareció también, una que se fue a su mismo infierno, dónde se confundió con el fuego de sus ojos y la oscuridad de esa noche, en la que mató, a la única mujer que amó, por desesperación y ambición.

Aquella a la que se unió y con la misma que en un charco de sangre desapareció.



Barbara Wall





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POEMAS DE NETBOOK EN EL BALCÓN
Por Cecilio Olivero Muñoz

A LA GENERACIÓN DEL 50

Os veo juntos fotografiados y parece

que estáis delante de un fondo arrasado

que sabe a tapia de cementerio,

a nicho y sepultura verticalizada,

que sabe a gris fermentado en lo demás,

que sabe a madera podrida hace años,

Miro vuestras fotografías y veo

el añil sediento de ansiedad a bocanadas

y de coñac sombrío y enmohecido,

a todo vuestro repetido Padre Nuestro

como un cuajo negro de silencioso humo,

a la sábana oscura que os enseña

la efigie inocente de otro orbe perdido en este.

Os veo en la foto y os echo de menos,

recreo mi libre pensar pisoteando

[el no-vuestro, pisoteando la fruta prohibida,

siento pena por vuestro tiempo

y por los demonios de vuestro día a día

siento repugnancia completa.

***

EL NIÑO DE ABAJO
EL LOCO DE ARRIBA

El niño que vive abajo

le pregunta a su mamá:

Mamá, ¿el vecino de arriba
está loco?

Su madre dice que sí,

con las mismas le pregunta:

¿Por qué, mamá?

¿Por qué se vuelve

la gente loca?

Entonces,

solamente entonces

su madre le dice: No seas curioso,

hijo, no lo quieras saber todo,

ya lo sabrás cuando seas mayor.

Ya mayor

la pregunta es otra.

***

FACEBOOK

A veces hay alguien en Facebook

que quiere ser tu amigo,

solamente porque ha visto

tu triste fotografía,

no te ha visto en la vida,

pero quiere conocerte.

A veces hay alguien en El Bús

que rechaza ser tu amigo,

solamente porque ha visto

tu triste día a día,

cruce de miradas en la vida,

nadie quiere conocerte.

¿La timidez es cobardía?

¿Para conocer basta con verte?

***

LINUX, I LOVE YOU

Pensamiento libre,

Libertad de expresión,

Software libre,

Cibernética Anarquía,

Libre caminar,

Cultura Gratuita,

Download Free,

Información Gratis,

Socialismo Global,

Outsider on New York,

Insider on My Home,

Freedom on Silicon Valley,

Freedom for Tibet,

Libertad Sexual,

Poder elegir Adónde,

Nombre común a todas las cosas,

Deshazte del nombre propio,

Infancia Respetada,

Hambre zero,

Jubílate pronto,

Calidad de vida,

Ciencia gratuita,

Inversión en desarrollo,

Mundo Sostenible,

Energía Ecológica,

Primeras necesidades cubiertas,

Educación liberal,

Sentimental Educación,

Drogas Legalizadas,

Todos Somos Lo Mismo,

La Misma Cosa es El Mundo,

Abrid las ventanas Ya,

Que corra el aire Libre,

Hacedle que pase,

Decidle aquello de

COMO SI ESTUVIERAS

EN TU CASA.

¿Por qué no queréis cabrones?

Todo sería más fácil.


***

BLOGGER-NADIE

No tengo cuatrocientos seguidores,

Ya no reseño ningún libro,

por que la admiración está lejos

de la gratuita gratitud,

Enlaces: los justos,

Banners: solamente amigos,

Escribo lo que me da la gana,

algunas veces hablo de la tele,

otras de mi pasado reciente,

otras, no sé ni lo que digo,

tengo cátedra en tele-basura,

tengo menos visitas que un spam,

mi alma es correo no deseado,

me perjudico el nombre

con tanta redundancia,

ganas de repetir esa cacofonía,

me quedo solo

por que se cansa el lector

de la rutina,

escapo de misantropías

para lindar en la miopía.

Sin embargo, no pienso cambiar,

no venderé esta chupa

por más que pique,

me gusta la franela dura,

que abrigue, que proteja,

que dure, odio el poliéster.

Ignórame si quieres,

Despréciame si gustas,

Hackéame mis audios,

Saquéame las fotos,

Te doy mis poemas gratis,

No me dejes comentario.

Disfrázate de nylon.



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VERSOS SIN BAUTIZAR
Por Cristian Claudio Casadey Jarai


Cofre de tu vientre

Cárcel profunda

Portas un bosque

A toda la humanidad

Hemisferio casi perfecto

Círculo místico

Llevas en tus entrañas

La salvación del mundo

No permitas que te separen

No permitas que te humille

Sigue hacia adelante

Deja atrás el orgullo

Vida innoble y tirana

Que se desquita con los débiles

Llevarás tu propia cruz

Tan pronto hables sobre la verdad

Pero eso no te importa

Amas la justicia por sobre todo

Y no la de los hombres

Sino la verdadera

La que proviene del Altísimo

Sabiduría en tus venas.

***

Con su roldana de acero

El carcelero va borrando los años

Trozos de carne en el metal

Pedazos de alma en sus llaves

La puerta siempre permanece cerrada

Ya no hay visitas ni visitantes

Soledad inmensa

Que abraza inmisericorde

La oscuridad que rodea el claustro

Silencio embriagador

Que destiñe locura y ansiedad

A cada instante

A cada momento

En cada rincón

Pues nunca pasa nada

Nunca se mueve nada

Solo la espera

De quien no tiene salvación.

***

Cuchillo de pedernal

Que se levanta ante la fatalidad

Del incendio de tus sentimientos

De la frustración acumulada

Décadas de lluvias

Que desgastaron tu corazón

Que malograron tu existencia

Que arrebataron tu amor

Ruinas y desventuras

Lugares apartados

Buscas en vano tu lugar

Buscas en vano tu destino

No sabes que ya se ha ido

Y no ha dejado señales

Para que lo puedas encontrar.

***

Mudanza en el firmamento

Los dioses no desean más

Que nadie se entrometa

Que nadie ore

Que nadie suplique

Que nadie los ame

Que nadie los perturbe

Que cada uno viva su vida

Sin importar nada más

Pues nunca bajarán del Olimpo

Ni volverán del Valhalla

No descenderán al Averno

No intervendrán más

Solo ha quedado el hombre

Merced a su elección

No hay dioses que prohíban nada

Nada hay ni nada habrá

Solo ha quedado el hombre

Desprotegido ante la vida

Desnudo ante el destino

Desbaratado en su interior.



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POEMAS DESDE EL SOFÁ
Por Cecilio Olivero Muñoz

NECESITO

Necesito escribir ahora este texto.

Quizá, por la soledad inmensa que supone

subir por la cuesta vertical del día a día.

Hoy, han venido todas las facturas a la vez.

Los vecinos me miran mal, ven a un moroso,

los bancos son sanguijuelas insaciables

y han perdido el corazón,

los políticos dicen que hacen cosas

para el ciudadano,

y lo que hacen es un obstáculo constante

que a ellos les favorece.

Necesito escribir ahora este texto.

No voy a pensar en métrica alguna,

no voy a utilizar aliteraciones,

no voy a explicarme con aforismos,

solamente quisiera

escapar de este triste mundo.

Quisiera ser lo más salvaje posible,

que las cifras no sean mis carceleras,

si tengo hambre salir de cacería,

si tengo sed tratar de consolarla,

si tengo sueño dormir en lugar seguro,

soy totalmente analfabeto

en el tema del cómputo, también en las rutinas,

solamente quiero entender

por que hemos hecho de esta vida

un negocio, negocio rentable para algunos,

un negocio que incremente,

un negocio para y por todos, por y para nadie,

un negocio que es un yugo,

hemos dejado todos la sensibilidad

en los trasteros y en los sótanos,

el humano es deshumano,

no existe la conmiseración,

todo tiene su precio,

nadie da nada sin recibir algo a cambio,

tengo la necesidad de escribir esto,

tengo la necesidad de anestesiarme,

dirán que soy borracho, que digan lo que quieran,

por todo han de criticarme,

yo no diré nada, para que no me encierren,

que digan lo que quieran,

a esto llaman calidad de vida o superávit,

a esto llaman sociedad del bienestar,

a esto llaman primer mundo,

a esto llaman sociedad liberal,

yo quiero vivir en otro mundo, un mundo

donde la humanidad fuera posible,

quisiera escapar de esta mentira

y de esta superficial mojigatería que me sigue

los pasos a un medio metro de distancia.


***

AMOR: QUIEN LO PROBÓ
LO SABE


En el amor

se mezclan las mugres con las tiñas,

lociones de afeitar con crecepelos,

misántropos con antropófilos,

el gentío de las riñas con los trasiegos,

se mezclan el sí de las niñas

con el no de los niñitos buenos,

el olor de las maduras piñas

con insípidas peras que saben menos,

se mezclan el álgebra y el logaritmo

con la verbigracia del alfabeto,

se mezclan la poesía de las posologías

con la prosodia de los prospectos,

se mezclan la geometría del poliedro

con la química del ibuprofeno,

se mezclan las metáforas y las paradojas

con la metafísica del parafraseo.



(continuidad achicando sílabas)



Blanquean su maña

los negros garbanzos,

se oportuna la muerte

en pos del oportunismo,

se vive y se desvive

en la cama o al raso,

y en camastro o en claustro,

se aprovechan litigios

entre pitanzas calientes,

entre ardientes molientes,

entre verdades sin dientes;

el bitute, el lonche o el piscolabis

se lo guardan para mañana,

para cuando no hay.

No es ya convenido el amor

desde la cuna hacia el lecho,

para la entrepierna y el pecho,

entre el suelo y el techo.

Es conveniente ahora casarse

con trecho y sin pertrecho,

sin dicho y con hecho,

el divorciado aprende derecho.

Se apropian los amantes

de lo suyo y lo ajeno,

de lo impropio y lo apropiado,

del improperio y lo enajenado.

Se saca y se mete

según se pise,

bosteza la siembra

por simiente ya yerma,

por simiente fértil

la siembra siempre florece.

Igual es amor conuco que truco de cuco,

se suplanta el tuco caduco

por pañal, sonajero y patuco.

De fiesta a festín,

quien ahorra en pacata verbena

la goza en batín.

De lumbrera a tarugo,

si la dicha es bella madrugo,

si la casadera es verdulera

lamentan su yugo,

si la soltera es fea de veras

la catan solo en primavera,

como quien pica mendrugo.



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