viernes, 31 de diciembre de 2010

7º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA



7º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL
NEVANDO EN LA GUINEA
NºLI* de la 2ª Etapa/01-01-2011


EDITORIAL LI
Propiedad intelectual


Este último mes de diciembre se discutió en el Parlamento Español una Propuesta de Ley presentada por el Grupo Socialista que intentaba perseguir la denominada piratería informática y que afecta sobre todo al cine y a la música. La propuesta no salió adelante al no contar el PSOE con mayoría suficiente para aprobarla y votar todo el resto de grupos parlamentarios en contra.



Una parte, la partidaria de la propuesta, afirma defender al sector de la creación, nos dice que los creadores no podrían vivir de su obra si no hay un mecanismo que les permita el cobro de sus derechos de autor, y de paso sirve para proteger una industria compuesta por productoras, editoras de música, editoriales, distribuidoras o tiendas, con miles de puestos de trabajo, y que se verían todos afectadas por la impunidad que se da, dícese, en internet. En la otra parte, la opuesta a la Proposición, confluye un sinfín de posturas, algunas de las cuales claman por la libertad de creación y distribución, se oponen a la mercantilización de la cultura y optan por nuevos formatos.



Como en la vida misma, en medio hay toda una gama de colores que indican que las cosas no son ni blancas ni negras. Partimos de un hecho: en España, al igual que en Europa y el resto del mundo, rige un modelo económico capitalista en el que todo se vende y se compra. Nos puede gustar poco este modelo, que nos gusta poco, pero hay que ser conscientes de ello a la hora de tomar una postura a corto y medio plazo sobre derechos a unos ingresos adecuados por el trabajo, en este caso trabajo intelectual, mientras no se ponga sobre la mesa la posibilidad de desarrollar otro modelo económico, que nada nos gustaría más. Además, el capitalismo salvaje de los últimos veinte años lo ha mercantilizado todo de un modo brutal y la cultura no ha escapado a este fenómeno. Dicho esto, hay que matizar mucho las posiciones.



Es justo que los creadores -escritores, músicos, cineastas- puedan vivir de su obra. Detrás de cada libro, de cada disco de músico o de cada película hay mucho trabajo, no sólo de los autores, que han puesto horas de su vida para sacar su obra, sino de editores, técnicos, traductores, distribuidores, etc. Pero muchos nos tememos que los mecanismos creados para defender pretendidamente a los autores no les defienden tanto, los cuales muchas veces apenas se llevan estos una parte mínima del pastel mientras que vemos como algunas sociedades persiguen aquí y acullá cualquier ámbito donde se da a conocer una obra del tipo que sea. Hemos oído en los medios de comunicación como la SGAE ha llegado a pedir una tasa por emitir canciones en bodas o en peluquerías, mientras que se ha planteado cobrar un euro por el préstamo de libros en las bibliotecas públicas. Además, quienes conocemos, como es nuestro caso, el mundo editorial, menos afectado por la “piratería”, sabemos hasta que punto se impone una absoluta precariedad laboral a sus trabajadores, todos tenemos en mente algunas grandes empresas del sector cuyo comportamiento hacia los trabajadores o, según ellos denominan, los colaboradores rozan la precariedad más absoluta, lo que nos lleva a sorprendernos que clamen ahora por los puestos de trabajo. Sospechamos que otras grandes empresas de los sectores culturales no les van mucho a la zaga. Que esto es otro asunto, puede ser, pero se está utilizando el trabajo como argumento en el debate.



Y qué duda cabe que el debate viene planteado por la aparición de Internet, que es una herramienta tecnológica que ha modificado por completo el mundo la difusión de ideas y de obras culturales y para la cual las reglamentaciones habidas hasta el momento sirven poco. Es verdad que la red permite que nos bajemos mucha música y no pocas películas, además de acceder a obras literarias, escapando al pago por dichas obras y por tanto dejando a los autores sin un medio de vida, pero también lo es, hay quien lo plantea entre los mismos creadores, que quien te conoce a través de youtube, por ejemplo, te acaba comprando el disco del mismo modo que muchos nos hemos interesado por un músico al escucharlo en la peluquería y le hemos acabado comprando el cd.



Mucho nos tememos que lo que se va a dar en los próximos años es una mercantilización absoluta de Internet y las leyes de este tipo pueden buscar más la faceta mercantil que la cultural. Más allá del debate sobre la denominada propuesta de Ley en España y lo que cada cual pueda defender, nosotros no tenemos ahora mismo una postura respecto a la ley en cuestión, es evidente que la expansión de internet pone en jaque algunos aspectos sustanciales del capitalismo y sus reglas mercantilistas, es un ámbito donde impera grandes ámbitos de libertad de difusión, lo ha sido para el ámbito de la cultura, y además hemos de tener muy claro `por último, para no llevarnos a engaño, que la libertad que defiende el capitalismo es la del mercado, no lo olvidemos, esto es, la libertad de ganar dinero con cualquier producto.



Sabemos que el asunto es más complicado, que aquí sólo hemos dado una pincelada del tema, pero creemos que el debate está empañado por demasiados factores y no todo es tan evidente como nos pretenden hacer creer.



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PERSONALIDAD MÚLTIPLE

(mal de uno solo, consuelo de nadies)

Por Cecilio Olivero Muñoz



Ayer te vi en la máscara de otro hombre,

Eras tú Cecilio, lo sé por la sonrisa,

Eras como alegría que al suspiro olvida,

Eras luz errante que centellea fugaz,

Los peces han recordado al anzuelo,

Ser poliedro también es monotonía,

Escozor del párpado abierto siempre;

Una mañana blanca nos encuentra

Tras la noche de cansancios y de poses,

Eres la oportunidad de ser quien eras,

Olvídate de lo vivido y ponte a soñar:

Sueña por ejemplo que no piensas,

Piensa por ejemplo que no sueñas,

Vive de todo lo que puedas tú gozar,

Ampárate en las reglas que no conoces,

Ansía la vida sin darle importancia,

Dale importancia al nuevo origen,

Calma tu consuelo entre tanto olvido,

No profundices la idea en tu interior,

Dale cuerda al reloj del autoengaño,

Posibilita la confirmación entre sosiego,

Explota tu yo interior, vente al amor,

La palabra tiene sinónimos entorno a ti,

El antónimo te busca el pensamiento,

Libérate de los altos vuelos desde el suelo,

Persigue lo logrado, aduéñate de nada,

Nadie quiere la verdad profunda.

Solamente la quiere quien no la conoce.



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Día de Invierno





Lo primero que siempre hago al levantarme es mirar por la ventana. Me despierto temprano y todavía es de noche, aunque por el este se asoma ya una pizca de claridad apenas perceptible que vaticina el incipiente amanecer. A veces, a esta hora, puedes entrever cómo será el día, si nublado o claro, si frío o algo caldeado, con ese calor de invierno que se impone poco a poco en nuestra región a medida que pasan las horas y el sol alcanza su cenit al mediodía. Hoy hay niebla. La habrá durante mucho tiempo, una niebla espesa a través de la cual apenas ves los árboles de enfrente, que se esbozan con perfil impreciso bajo la luz anaranjada de las farolas cercanas. Me relaja la niebla. El paraíso, si existe, lo imagino como un lugar con una tensa e inalterable niebla y me veo andando por senderos envueltos por una apaciguante semipenumbra.

Me levanto siempre muy temprano y eso me permite no sólo asistir a una especie de inicio del mundo, como una breve representación ritual del Génesis bíblico, reducido los siete días a unos pocos minutos, sino también, cuestión más práctica, puedo prepararme con mucha calma, sin necesidad de darme prisa. Después de ese instante litúrgico ante el mundo, ahí fuera, me ducho, me arreglo y preparo un desayuno abundante. Mis jornadas son largas y nunca vuelvo antes de media tarde. Hace tiempo, cuando fumaba, encendía un cigarrillo al servirme el café y me pasaba quince minutos quieto, en absoluto silencio, contemplando las paredes blancas de mi cocina, sin pensar en nada, la mente en blanco. Ahora que no fumo alargo el café hasta que se va quedando frío poco a poco y con frecuencia me entra un ligero sentimiento de tristeza, no sé muy bien por qué. He visto esas paredes blancas durante mucho tiempo, a veces me cuesta recordar un antes, un pasado, como si toda la vida hubiera estado allí, día tras día. Me espabilo de pronto, me levanto, ordeno los platos en la pila, los fregaré a mi vuelta, por la tarde, antes de prepararme la cena. Me pongo la pelliza y salgo de casa. Mi coche parece esperarme siempre delante, en la acera. Vivo en un barrio tranquilo y a esa hora nunca hay nadie en la calle, ni siquiera hay luz en las casas vecinas. Arranco el motor y me pongo en marcha por calles tan vacías como la mía y sólo al salir de la ciudad me cruzo con otros vehículos o con camiones que, imagino, deben distribuir el reparto para las tiendas y los mercados.

La niebla invade todo, apenas distingo nada más allá de la carretera. Entreveo luces por los bordes del camino y sólo la repetición durante años de este breve viaje de casa al trabajo y del trabajo a casa me permite saber que cruzo un enorme área con fábricas, con talleres, gasolineras o bloques de casas del extrarradio, lejanas ya de la ciudad. Escucho las noticias de la radio sin apenas oírlas. Es un runruneo que me acompaña durante la media hora que dura mi recorrido. Pocas veces hay alguna noticia, algún comentario que me llame la atención, en ocasiones creo que las noticias se repiten de tanto en tanto, que la noticia de hoy es exacta a la que contaron hace meses, como si siempre estuviera ocurriendo lo mismo, tres o cuatro sucesos que se repiten hasta el infinito, en un tiempo circular que no se acaba nunca. No pienso en nada mientras conduzco. La falta de tráfico a esa hora me evita tener que fijarme más en mi ruta. Sé perfectamente en que momento debo salir de la autovía, giro a la derecha y avanzo por la carretera comarcal hasta un cruce, paro un instante y giro a la izquierda. Al final de la carretera está la cárcel.

No la veo cuando hay niebla, pero como ya me he habituado a ella desde final del verano sé que el edificio está allí, distingo las luces de algunos de los focos distribuidos a lo largo del primer muro. Ya comienzo a distinguir también los contornos de la prisión. Empiezo a frenar en el mismo punto de siempre y a los pocos metros se halla la primera cabina de control, la barrera. Saco la cartera con mi documentación, aunque sé que no será necesario, que no hay motivo para identificarme más allá del formalismo reglamentario que exige un mero gesto.

- Qué tal Bruno. -le digo al guardia de entrada.

- Bien. Frío esta mañana.

Levanta la barrera y atravieso hacia el patio. Aparco el coche en mi zona. Recojo mi bolsa. Bajo del coche y ando los pocos metros hasta la puerta de entrada. Pulso el timbre. Me abren. Los pasillos están vacíos. El blanco eléctrico de los reflectores contrasta por su luz con la penumbra de la mañana. Saludo a Mario y al otro guardia de la entrada cuyo nombre nunca recuerdo. Ellos pronuncian mi nombre a modo de saludo. ¿Cuánto tiempo llevo trabajando en esa prisión? Muchos. No sé decir si demasiados. No puedo valorar el tiempo de una vida. Tampoco calculo el tiempo que me falta para retirarme. Quizá porque no me veo aún jubilado. Quizá porque el tiempo no es sólo un cálculo objetivo de meses y de años, resulta mucho más íntimo, más trascendente. Tampoco es que presienta que me voy a agobiar cuando deje este trabajo, cuando me jubile, por ejemplo, ni mucho menos, más bien todo lo contrario, adoptaré otra rutina distinta a la de ahora, pero casi ni pienso en ello, sólo a veces, de pronto, sin saber por qué, aunque al final dejo de pensar en ello porque asumo que de momento sólo soy eso que llaman un hombre de edad mediana, mi tiempo es un mero tránsito entre etapas de la vida. Intento, al final, no pensar mucho en todo eso. Intuyo en cierto modo que a partir del día que me retire no echaré de menos el trabajo y si me dijeran que ya no hacía falta que volviera mañana adoptaría de inmediato otra vida, no me traumatizaría como dicen que se traumatiza mucha gente, dejaría de cumplir con ciertos hábitos para envolverme en otros durante mucho tiempo, meses y años, unos tras otros. Cuestión de carácter, imagino.

Entro en la sala de los despachos. Soy el primero en llegar. Dentro de poco entrarán los compañeros y los del turno de noche se despedirán de nosotros con breves comentarios de las incidencias habidas, las de siempre, enfermos, algunas peleas durante la cena, pocas siempre, en esta prisión se lo toman con no poco sosiego. A veces nos sorprende algún suicidio, alguna muerte repentina, inesperada. Miro las hojas de los partes que hay sobre mi mesa. Es el plan del día. Las repaso lentamente. Me detengo en la quinta hoja. Hoy es el día, susurro un tanto sorprendido por mi olvido. Me había olvidado por completo. Sigo revisando el resto de hojas, pero la quinta se me queda grabada y aún pienso en su contenido mientras voy al guardarropía a cambiarme y cuando salgo al reencuentro de mis compañeros cuya cháchara ya escucho al otro lado del pasillo.

Lo primero que se me ha venido a la cabeza al leer la quinta hoja es el rostro del preso. Es un hombre delgado, silencioso. Habla bajo. No es violento. No sé porqué está en prisión. De hecho, no conozco los motivos de ninguno de los presos con que trato todos los días, evito saberlo, nunca acudo a las fichas, creo que no sería imparcial y mi trabajo es ser ecuánime, distante, son presos, nada más, están dentro y todo lo demás queda fuera, un día los juzgaron, y no fui yo quien les juzgó, y los metieron en la prisión, y tampoco fui yo quien les condenó. Por tanto, para mí hay un mundo de fuera y un mundo de dentro, y ambos se rigen con normas distintas, incluso con normas morales diferentes. No los mezclo. No es mi papel ni lo deseo. Tienen una condena, algunos esperan todavía que se decidan los recursos para las penas capitales. Otros en cambio ya los tienen decidido. Este es el caso. Hoy se ha de cumplir. Hay sesión. Lo decimos así: hay sesión. No añadimos nada más. Ya sabemos a lo que nos referimos cuando se dice. Nos convertimos entonces en ejecutores, en manos que matan en nombre de la ley. Hoy me ha tocado a mí. Pocos entre los funcionarios se salvan de ello, los nuevos y algunos pocos que objetan por cuestiones éticas o religiosas. No les reprochamos nada, ellos sabrán. El resto aceptamos nuestra labor sin acusarles de timoratos o flojos.

Vuelvo a la oficina. Empieza a haber movimiento. Los del turno de noche ordenan sus papeles y los dejan en la pecera, donde después se ordenarán. Van llegado los últimos compañeros de día. Nos saludamos, intercambiamos comentarios, preguntas. Hoy me miran a mí. Saben que hay sesión, lo recuerdan, y que me ha tocado a mí. Veo entonces al responsable. A qué hora es la sesión, le pregunto. A las diez, me responde. Me encamino a la galería y reviso las celdas. Todo en orden. Dejo para el final al hombre que hoy toca ejecutar. Abro la celda. Está en pie. Me espera. Noto que no ha dormido en toda la noche. No está ansioso, al menos no lo parece, me mira tal vez como si esperara alguna noticia, una decisión de última hora, la salvación, pero creo que ha asumido que es una probabilidad tan escasa que no vale la pena esperar, aunque dicen que la esperanza es lo último que se pierde, suele repetirse hasta la saciedad y es verdad, lo he comprobado no pocas veces, siempre queda alguna esperanza, por vaga, abstracta y distante que sea, por mucho que uno procure no creer en ella.

- Necesita algo. -No le pregunto cómo se encuentra, me parece impropio, incluso puede que fuera cruel preguntárselo.

- No, todo está bien.

- Si necesita cualquier cosa, me lo dice.

- Gracias.

A la gente de fuera que no conoce este mundo le sorprendería la corrección que se impone en el trato entre personas, entre presos y carceleros. Supongo que a mí me sorprendería cuando comencé. Sin embargo, no me acuerdo las primeras sensaciones entre las paredes de la prisión donde me parece que siempre he trabajado. Una vez pensé que yo era un hombre carente de pasado, de biografía, y que siempre había estado entre aquellas paredes blanquecinas, como un prisionero más.

Sigo con mis funciones como siempre, aunque siento no poca inquietud que va en aumento poco a poco, a medida que transcurre la mañana. A las nueve y media vuelvo a la oficina. El responsable de área está en su mesa. Levanta la mirada cuando apenas entro en su despacho y golpeo con los nudillos la puerta.

- Es la hora. -digo.

- Proceda.

Vuelvo a mi galería. Todos los internos menos él están en el patio, pero no hay la algarabía habitual, se ha impuesto un silencio tremendo. Llego a su celda y la abro. Sé que no acude nadie de su familia o amigos, tampoco su abogado ni nadie de la parte contraria, si la hubiera, sin duda porque se ha disipado como azúcar en el agua el recuerdo de un hecho pasado que motiva la ejecución de hoy. Tampoco ha pedido asistencia religiosa. Ni ha solicitado nada en especial para sus últimas horas. El hombre me mira en cuanto asomo en la celda, está sentado en la cama, se levanta. Vamos, me dice sin esperar a que yo marque el ritmo del proceso. Casi es un susurro su voz, aunque no hay miedo, ni pasión, ni terror, nada. Reconozco que me sorprende. Andamos en silencio por pasillos vacíos y no sé qué decirle. A veces recuerdo que toca incluso arrastrar a otros presos en su situación, necesitas ayuda, otros funcionarios que te acompañen para llevarlo casi a rastras, o sienten que tienen que hablar, sacar algo de bien dentro, algo que no se quieren llevar consigo, algo que te han de entregar antes de morir, lo que te convierte en una especie de confesor, pero con él no ocurre, avanza junto a mí como si fuera un mero traslado de una galería a otra, de un punto a otro de la inmensa prisión.

La sala está preparada. Hay un par más de funcionarios, el director y el médico que nos esperan. Cuando entramos todas las miradas se posan en nosotros, en él sobre todo, miradas silenciosas, miradas que denotan compasión, pero también necesidad de castigo, la venganza exenta de exaltación o de arrebato, fría y ajena, diente por diente y ojo por ojo, la vida presente sin duda por una vida pasada en una rueda del destino que es infinita, la imposición de la ley, en definitiva, como bien absoluto, supremo.

- Necesita algo. -Le pregunta el director.

- No. -Responde.

- Súbase a la camilla. -le ordeno apenas en un susurro, casi como un ruego, intentando no poca distancia.

El hombre obedece. Nada indica que esté nervioso, parece resignado, acepta su destino, sabe tal vez que no hay salida ni la espera ya, sólo quiere que todo pase rápido, lo más rápido posible, todo lo queremos de hecho. El médico comienza a indicarme donde inyectar las agujas, aunque apenas hace falta, conozco perfectamente los puntos. Él no lo hace, me dijeron, porque sería contrario a su código deontológico, al juramento hipocrático, todo médico ha de preservar la vida ajena, la de cualquiera, nunca cortarla y por eso delega en nosotros la ejecución de los pasos, él deviene un mero director de escena., nosotros somos sus actores. Todo es mecánico, frío, comedido, limpio. Esperamos unos minutos, apenas cinco o seis, no llega siquiera, y todo acaba en silencio.

- Ha muerto. -indica el médico. Recoge unos papeles de una mesa cercana y los firma uno a uno.

Hugo sale de la sala y trae la funda. Colocamos el cadáver dentro. Firmo las actas como jefe de grupo. Ellos empujan la camilla y todos salimos de la sala. Soy el último. Cruzamos un largo pasillo y cuando pasamos ante una amplia ventana miro hacia fuera. Veo el patio y más allá de la verja un campo enorme. La niebla ha disminuido mucho, apenas es una leve calima. Hay escarcha sobre la hierba. Pronto saldrá el sol, me digo. Pronto saldrá el sol de invierno, apacible, luminoso y por completo ajeno a nuestra existencia, tan ínfima y rutinaria.



Juan A. Herrero Díez



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Lo Soltaron



La sangre hervía, pareciera que salían borbotones del viejo y sucio caldero.

El corazón latía fuertemente y el oxígeno no se percibía ante las miradas, como los insultos de los reclamos que no entendían ni lo propio que decían.

Estúpidos banales, clichés arrogantes – Pensaba alguien- mientras oídos segregaban sangre al perforarse los tímpanos por un instinto que se había soltado; palabras de quienes no conocía, ecos que la lastimaban, como aquel y muchos más, un pasado y algo que había salido por la fuerza del sol, de un traicionero.

Una muerte querían, si lo querían, eso obtendrían.

Porque hay ovejas disfrazadas de lobos, como hay seres nocturnos que vigilan por el sueño de los demás y por su bienestar como su amor. Pero no es adecuado buscarlos.

No pertenecen a este mundo. El de ustedes. No lo hagan que es prudente, esta advertencia.

Ya que si los buscan, los encontrarán, sin ser invitados.

Y así obtendrán lo que quieren, su mismo deseo. Una muerte. La muerte de ella. Más no la tendrán.

Nunca a ella, más, si ha de saber pelear.

El instinto en las noches se suelta y por los bosques desolados busca presas a quien atrapar. Entonces por favor… no la busquen, que la encontrarán. A ella misma quizá. A ese ser nocturno, iluminada con la luz de la luna entre las copas de los árboles, con una sombra envolvente y una máscara de felicidad. Más no la subestimen. Que es la muerte que persiguen y los matará.

Mientras vivos los desollará y su sangre, calmará los nervios y el pesar, del sufrimiento de ser perseguida como acosada, por quienes, nunca ha querido ni quiere vislumbrar.

No se acerquen, cuando ese… anda suelto.

Ese, el instinto mortal.



Barbara Wall



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LOS OJOS DEL CORAZÓN

Por Cecilio Olivero Muñoz



Conoces secas las voluntades, por eso

tu voluntad se sacude las nimiedades,

confluyen, dos normas confluyen

entre el santo coro de las piedades,

rosas que de cifra y sangre gimen,

voces que son ojos de dos verdades.

Temen ellas albas del agua ciega

y sumisión de campanas desiguales,

descifran las gaitas sostenida culebra

que alarga sombra, puntas y zarzales,

agravan la marimba algunas fieras

de palabra, morbo y negros parajes.

Un Pub repleto de gentes la esperan

partiendo pétalos de helados azahares,

piedra sobre flor los hombres anhelan

otro sol que no pique por soleares,

nubes de matinales con fe tropiezan

la cloaca hambrienta sin oportunidades,

piano de bar, curiosidad trasiega,

temen la sincera viola de las mitades.

Al final los cubre la ruina griega,

se siente desnuda por estas calles,

anuncia su oscura canción eterna,

germinan la breva que no ama nadie,

por el puente desierto su sal empieza,

se entregan remos, riendas y arrastres

con el aire invisible de la sutileza,

blanca ninfa de invierno y saudade,

mañana triste de solitaria grandeza,

lustre desgastado de soledades,

se acaba el rocío de la noche inquieta,

vieja antes que joven la sed debate

con voz pisada y bienvenida abierta.

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SELECCIÓN DE POEMAS

POR MAXIMILIANO SPREAF*

*PRÓXIMO ESPECIAL DE ESTE AUTOR

EN NEVANDO EN LA GUINEA



Everglades



Los flamencos se llevaron aquel día parte de mi cuerpo

Lo arrastraron por los fangales de los Everglades

Y luego se lo dieron de merendar a los lagartos.

No recuerdo la hora que era cuando sentí tus dientes

Atenazados a uno de mis bíceps, crujientes y arrebatados.

No me muerdas ese brazo, te dije, que tengo la esperanza

De tatuarlo con el nombre de alguna princesa rusa algún día.

Te reíste, me mirabas, mordiste otra vez en el mismo lugar,

Esta vez con mas ímpetu, como en desquite a mis palabras.

La tarde pasaba lánguida y arremolinaba mis pensamientos

En torno al sol centelleante que nos abrasaba, como en piedra.

Tu piel ya no era piel, sino cascadas de sangre burbujeante,

hirviente

Y no se si era el sol que la quemaba, o eras vos deslumbrada.

Las uñas de mi mano libre arrullaban tu espalda

Era tu odio tan bruto que no pensabas en nada?

O patrullabas mi dolor pensando que nunca acabara?

Tardaste mucho en desmembrarme, las mandíbulas prensadas.

Llorabas, vi que llorabas.

***

Tinta



Teñidas las mechas rubias

Entre las piernas, un candado

Floja, grasienta, lechosa

La piel entre los harapos.

Agua hirviendo en una olla,

El niño tiembla llorando

Gimen sus hermanas, putas,

Desiertos de finos labios.

Con las manos no se come.

Ni se tocan entre ellas

Desconocen sus olores

Pronto! Al niño degüellan!

Son partes, pedazos, niebla

Calzados negros y mugre

Perfiles sin muchos brios

Y es costra lo que los cubre.

***

El Loco



Dados en el bolsillo

De la belleza interior

De los lirios que la cubren

Solo me llevo dos.

Uno para mi reputación

De masticador de clítoris

Y progenitor audaz

El otro, para olvidar.

Que las letras que regala

Se quedan en mi memoria

Como unas púas de amianto

Me aguijonea la historia.

Fíjate bien lo que haces,

En estos días melosos

No quiera el tiempo acabar

Con tu rol de belicoso.

Que es lo que permanece

Entre todo y entre todos

Tu fulgor de selenita

Perdido de todos modos.



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LAGARTO JUANCHO, PRESBITERO



Mi fe es dañina

Mi cuerpo, significante

Y el néctar que yo doy

Gustan beatas al instante



Mi biblia es de memoria

Con olfato y dura piel

Es de cebolla la olla

Que en la iglesia puede haber



De frente miro a Polifemo

Su ojo ciego como ninguno

Símbolo soy del Vatic-Ano

A mi lagarto dibujan dos huevos



Tiene hocico pequeño

Siempre se esconde en sacristía

Tiene un lunar en el glande

Y es de amor eucaristía



En maitines cantando va

En laudes sin hacer nada

Y ahora dicen perseguida

Se encuentra sin hacer pajas



Un caballo creen que soy

Mejor que el señor del saco

Soy del pedo misionero

De Ojeteé hasta Chirimía



A Jesús imito bien

Mas no creo en nada

Que las cosas de la fe

Todas son chorradas



Si tienes la tentación

Bien la buscas y la amas

Si no la tienes, Ve

Va y viene el tabanón.



-Daniel de Cullá-



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POEMAS



Una fuente sin fin que mana liquido

inmortal desde el cielo rebosante.

JOHN KEATS



Esencias que fluyen de ricos encantos

con suave tintineo o tropeles sones

amamantando nutricio magna de deleites,

deliciosos sonidos que recrean el pensamiento

de bardos que nutren desde los inicios

con verdaderos goces plenos de bellezas,

con musicales ecos que transcienden

en las profundas concavidades refulgentes

de generaciones de esenciales espíritus

esparciendo continua luz sobre almas

apresadas por fugacidad y penumbra

esencias inmortales de cielo rebosante.



Francisco Jesús Muñoz Soler



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SELECCIÓN DE POEMAS

POR CRISTIAN CASADEY JARAI



Todo para dar



No tienes nada pero tienes mucho

Eres rico en pobreza

No tienes dinero ni bienes

No tienes sabiduría alguna

Pero te sobran ambiciones

Mezquindades y envidias

Te sobran ganas de matar

A cualquiera que esté mejor que vos

A cualquiera que esté bien

Pues tu patética alma

Ha sucumbido en las profundas arenas

Del abismo de la miseria.



***



…Y así me siento… mal… como siempre…

Una copa sobre la cama

Restos de aquel vino amargo

Que nunca pude saborear

Y resuenan las palabras vacías

Vacías de todo contenido

Vacías de toda lógica

Y vacías de todo interés

Al menos para mi persona

¡Cómo cansa ese locutor!

Mejor cambiar de canal

Pero no sé la verdad

Hablan de Panamá

De la paranoia y del antiimperialismo

Pero solo recuerdo

Mi malestar en Bocas del Toro

El estómago revuelvo en Sixaola

Y el vómito al llegar a Limón…



***

Nada me conforma

Siempre vivo en la ansiedad

Todo el tiempo en la ansiedad

En la incertidumbre

Esperando y esperando

Espero algo…

Pero no sé qué espero…

Aunque en el fondo lo sé

Pero no lo puedo expresar

Pues la censura es más fuerte

Que cualquier verdad.



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LOS RESURRECTOS

(A PARTIR DE UN POEMA DE MANUEL FOREGA)



Por Octavio Gómez Milián





Nosotros, vástagos de la autarquía

hijos del cuando tengas trabajo comprarás un piso

crías de la mediocridad y los exilios

freakies, amanerados dandies de todo a cien

tímidos conquistadores de muchachitas indies,

devoradores de kebabs de madrugada,

asustados por la culpa judeocristiana,

devotos del Candy y el Bacharach,

ladrones de minutos en televisión,

de la cáncana discentes eximios,

masturbadores salvajes,

adoradores de los discos perdidos,

lectores clandestinos del jueves (cuando era el jueves)

estudiantes del BUP y del COU:

(todos los raros fuimos al concierto

del gran telépata de Dublín,

tanto nos daba ocho como ochenta

a los fanáticos del niño Juan y los rompedores de coco)

Nosotros: divinos Voladores o Domadores

onanistas de fotos de Jane Birkin

rayones de vinilos de Cohen

aprendices de idiomas,

aspirantes a Guinda, Forega o Vilas

farsantes ilustrados con Alan Moore en bandolera

remedos de Dylan, plantillas de Truffaut

irredentos suicidas

balubas de la guerra

apóstatas, agnósticos, ateos y creyentes

dileantes de una revolución

que nunca llegó a empezar

los que buscaban un enemigo

porque así es más fácil pelear.

moradores de los ergástulos por el morro

apéndices de Federico

estetas de Algora y el Polaco

inocuos seguidores de Jean Paul,

espadas de Garci, de Chiquito, de Luis Sánchez Pollack

mansos fandangos de Ibiza, de Hydra y Euroville

Nosotros: incendiarios mutados en bomberos,

padres de los próximos junkies y malditos

opositores, mentirosos, volubles censores,

domadores de adolescentes bestias,

altísimos farloperos sin medida,

porreros, cocainómanos, alcohólicos,

reciclados por Franz Ferdinard y la Velvet

tardíos revelados en Fresán y Handke

diputados sin partido, alcaldes de habitación,

herméticos maricas...

eternos deudores del deseo insatisfecho

nosotros: los del medio, los eclécticos,

los postmodernos irredentos,

los que seguimos buscando

el lugar donde solíamos gritar.

los que nos dejamos caer

sabiendo que nadie nos ayudará a levantar,

los que esperamos en la parada

un autobús que hace mucho que pasó,

los que cuando quisieron besos

sólo recibieron abrazos,

los del medio, los de los tebeos,

los que nunca servirán para trabajar,

los de Perico Fernández,

los que vieron jugar a Santi Aldama,

los que nunca te sacaron a bailar.



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POEMAS DE NAVIDAD

POR CECILIO OLIVERO MUÑOZ



¿PARA QUÉ TENDRÁS OJOS?



PREFACIO



He salido a la calle con el frío y en la noche,

con mi sombra y con mi perro,

para recoger este poema negro,

poema que me esperaba donde mi perro

ha cagado, en un erial de tinieblas,

allí donde comienza la vanidad y la altivez,

la soberbia del mundo mortal y efímero,

los gorriones duermen en las alturas,

los edificios cortan el viento frío,

doy la espalda a la tonta explicación,

he venido a recoger este poema,

poema débil que esperaba tiritando en soledad

como un espíritu que quiere ser materia,

de la misma materia que estás hecho tú.



LA FRASE ESCUCHADA



¿Para qué tendrás ojos?

Si no ves cuando miras

Si no miras cuando ves

Si no ves lo que callas

Si no callas cuando ves

¿Para qué tendrás ojos?

Si no miras cuanto ves

Si no ves cuanto miras

Si no ves aquello que sabes

Si sabes aquello que no viste

Sabes que yo si miras no voy

Vienes si no sé lo que miras

No sabes aquello que veo

No miras aquello que sabías.

¿Para qué tendrás ojos?

No ves lo que quisieras

Quisieras otra cosa ver

Yo quiero no ver lo que ves

Tú quieres ver lo que yo veo

Yo veo Tú ves

Los dos miramos la misma cosa

Tú ves lo de los dos

Yo te veo solamente a ti.

¿Para qué tendrás ojos?

¿Para qué?



NAVIDAD



Es Navidad, felices fiestas,

el niño dios ha nacido este día,

es tiempo de paz,

es tiempo de estar en familia,

las mismas fechas, las mismas cosas,

recordar los que ya no están,

comer con excesiva gula,

abundancia e hipócrita postura,

recordar que existe un tercer mundo,

villancicos y perdones,

compasión con los descamisados,

con los solitarios de este mundo rico,

es tiempo de paz, felices pascuas,

borracheras y algún empacho,

marisco gallego y cava catalán,

¿Para qué tendrás ojos?

¿No ves que me hago partícipe

de esta puta farsa?

¿Para qué tendrás ojos?

Es Navidad hoy, felices fiestas,

estás quemado, lo veo en tus ojos,

¿Para qué tendré ojos?

Si sigo haciéndome el idiota

cuando veo lo mismo que tú sueles ver.

¿Para qué tenemos ojos?

Si no remediamos aquello que vemos.



***



MILAGRO CANINO



Miro la siesta permanente de Urko,

su siesta tranquila me evoca su nada de nadie,

en ella veo todas las banalidades

y también las vanidades

arrinconadas en el sinsentido eterno,

en Urko veo el nervio impulsor de la vida

donde se aposentan todas las naturalezas,

No tiene sentido guardar para mañana,

Ni ser laureada y docta eternidad,

el mediocre debe ser mediocre

porque ser lo máximo

es competición y mesura ridícula,

porque ser eternidad

entre la inmensidad de las galaxias

es la mayor de las estupideces

(es nano-voluntad en pos de lo macro-imposible),

Urko no se preocupa

de las vueltas que el mundo dé

bajo sus patas de alegre fauna viva,

bajo sus patas de puro encanto,

bajo su fauna de solitaria compañía

junto al hombre pretencioso,

no le preocupan las glorias

ni las postrimerías,

ni los hechos pasados

ni los venideros,

no le preocupan los presentes

ni los rankings contemporáneos,

él es el encanto que enamora

y nada más que eso,

lo demás es extrahumanizar lo humano.

Él no me pidió aparecer en este poema,

sin embargo,

es lo único que emana poesía.



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*En el 6º número existe una errata en la versión pdf, la errata es la siguiente: no es el número XL de la 2ª Etapa, es el número L, osea, el 50º de la 2ª Etapa.

martes, 30 de noviembre de 2010

6º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA



6º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

DIGITAL MENSUAL
NEVANDO EN LA GUINEA
NºL de la 2ª Etapa/01-12-2010



EDITORIAL L
Tres nombres: Berlanga, Matute y Castellet



Este mes de Noviembre tres son los nombres que han destacado en España: el de Luís García Berlanga, director de cine, que falleció a mediados de mes; el de la escritora Ana María Matute, que ha obtenido el Premio Cervantes de Literatura; y el del editor y escritor Josep María Castellet, que ha obtenido el Premio Nacional de las Letras.



Los tres coincidieron en el tiempo, nacieron poco antes de la Guerra (in)Civil Española y maduraron personal e intelectualmente en una España aislada, con una tradición cultural quebrada por el trágico enfrentamiento militar y una dictadura que durante años mantuvo al país aislado del mundo. Además, buena parte de los cineastas y escritores españoles vivos se exiliaron y continuaron su labor creadora fuera, en América o Europa, mientras que apenas un puñado de autores continuaron en esa España sombría que comenzaba a reconstruir los espacios culturales.



Muchos jóvenes del momento con inquietudes tuvieron que partir de cero, huérfanos en cierto modo de referencias artísticas directas. Sin embargo, la necesidad de expresión pesó más y poco a poco iniciaron su labor creadora que fueron conociéndose a medida que se iban reconstruyendo las nuevas redes culturales.



Luís García Berlanga formó parte de la primera promoción del madrileño Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas en 1947. A partir de entonces inició una larga carrera como guionista y director. Sus películas eran surrealistas, burlescas, críticas, con no poca mofa de una España que intentaba salir del aislamiento -como «Bienvenido Mr. Marshall», una de las más conocidas popularmente por la enorme sátira del momento histórico- o con un trasfondo moralmente dramático -«El Verdugo», sin duda una de las mejores películas españolas de todos los tiempos-. Berlanga formó parte de un grupo de cineastas, junto a Juan Antonio Bardem o Miguel Azcona, entre otros, que marcó el cine español del siglo XX.



Ana María Matute, por su parte, también estuvo marcada por su época y por la Guerra. Forma parte de la denominada Generación de los Cincuenta, junto a escritores como Carmen Martín Maite o Caballero Bonald, aunque estuvo menos limitada por el realismo imperante y supo mezclar la imaginación con la realidad de un modo admirable. Autora de relatos cortos, recientemente recopilados en el volumen «Paraíso inhabitado», destacan algunas novelas como «Olvidado Rey Gudú» o «Torre Vigía». En cierto modo se caracteriza por su fantasía a la hora de narrar sus relatos y por el estrecho vínculo que supo tejer entre vida y literatura, dos facetas de la misma experiencia vital, hasta el punto de reconocer en una reciente entrevista que está viva porque escribe.



Josep María Castellet, por último, es un editor barcelonés que ha unido en gran medida la cultura catalana con la del resto de España, en un momento, el del franquismo, en que las lenguas distintas al español sufrían no pocas dificultades para su propia vigencia cultural por una política reaccionaria y estrecha. Promocionó en los años sesenta a un grupo de poetas y narradores catalanes, los novísimos, y que supusieron un momento de efervescencia cultural en Barcelona, con nombres como Ferrater Mora, Terenci Moix, Rosa Regás, Ana María Moix o Manuel Vázquez Montalbán, y que se unieron a otros escritores barceloneses como los hermanos Goytisolo o Juan Marsé, en un momento además en el que algunos escritores latinoamericanos aterrizaron en la ciudad. Recientemente ha publicado un libro de memorias con el título «Seductores, Ilustrados y Visionarios» que habla en gran medida de esos años sesenta en una Barcelona activa y culta.



Como siempre, queremos unirnos al homenaje a Berlanga y nos congratulamos con el acierto de los dos premios. Tópico manda: lean sus libros si no los han leído, vean las películas de Berlanga y repitan, si ya han tenido el gusto. Es nuestro mejor homenaje.



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ELEGÍA PARA MICHAEL JACKSON
Por Cecilio Olivero Muñoz



Tu apellido británico se abraza a tu derrota de gigante,

tu nombre evoca una lucha de abismos en el sueño.

La piel es una paloma que vuela a ras de suelo,

la piel es una verdad que canta otra mentira.

Renunciaste al marrón de los barriles y de los cueros secos,

y al cromosoma iracundo de los salvajes muros,

al marrón del chocolate y al marrón del barro,

al marrón de la culpa y a la piel de la patata,

renunciaste a ser lo mismo, como la Coca-Cola,

y al suspiro en la cocina de una esposa sumisa,

quisiste ser un niño nuevo tras esconderte en el celeste,

celeste niño-grande que se imagina otra nueva infancia,

quisiste ser irrepetible como un cromo único,

quisiste ser amigo del rubio niño, puro e inocente,

quisiste ser padre de la tarde inalcanzable,

de la acequia junto a la calzada, del reguero de las aceras,

quisiste ser el tricolor semáforo crepuscular,

anhelaste en un puño la rosada mejilla holandesa,

deseaste lo imposible de las semillas vacías,

te enfrentaste a la noche que acecha tu verdad sola,

cumpliste la primera utopía de los amantes distintos,

se rieron de ti los negros basureros de San Francisco,

te cambiaron la sonrisa dedos índices acusatorios,

calumniaron tu casa las madres del don exclusivo.

Esta elegía quiere ser rezo profano que no sabe rezar,

quiere ser por que no quiere ser más nada,

quiere ser palabra que calla y no quiere callar,

quiere ser tributo frente al ruido del silencio,

quiere ser sencillez y verbo, quiere hablar de nada,

quiere ser un poema para un muerto muy vivo,

un vivo está muerto cuando no dice nada,

una nada está viva cuando la dice el muerto.

En las urbes de hormigón se pudren los carteles

que anuncian el espectáculo de tu último silencio,

tu silencio es la palabra que faltaba, acaba en palabra,

empieza donde acaban las palabras,

porque prefieres ser eterno Peterpan que calla,

y calla para decirlo todo, nada es lo que calla.

Neverland se esconde en las esquinas del recuerdo;

pasado, si; la vida es pasado temiendo un invierno.

Los africanos ancianos evitaron la visión de acuario

que plaga la noche en vigilia entre los filos del párpado,

han visto las acacias rendidas a su suerte de espinas,

han visto huir millones de inocencias circunspectas

en los hocicos del cachorro y la curada cicatriz,

han sabido del látigo, de la cadena, de la soga

en sombrías huellas que fueron testigo desde los puertos,

han conocido una llaga en la memoria del viento

en las heridas profundas que se ven desde afuera,

han visto con sus ojos el estigma vegetal que se olvida

y da nombre a la ignominia de todas aquellas cosechas,

(un siglo es infinito en una caja de zapatos)

(dos son anécdota que brilla entre níqueles usados)

(tres son pipa enmohecida y pitillera oxidada)

(cuatro son las polillas que mascan franelas del ayer)

cuando el hombre blanco quiso azúcar y algodón

iba el hombre negro a la par del mulo de arrastre,

cuando el hombre blanco quiso maíz y tabaco

iba el hombre negro tras la yunta de bueyes,

cuando el hombre blanco compró sus discos

estallaba la púrpura por aquellos bulevares,

cuando el hombre blanco contempló tus videos

daba el hombre negro color a los vagones,

el Bronx te busca el flow entre auroras boreales,

Harlem te deshoja como a margaritas del querer,

Manhattan es cumbre de espejos y sed de platería,

es refugio de pecados de apóstoles postmodernos,

es capricho de pioneros beatos y un manjar prohibido,

tú eres tierra prometida para luceros ya caducos

y un sol en mitad de una aurora que emerge de las cañerías,

algunos chicos indagan entre el sí y el no desflorado

y las estrellas guiñan una voluntad total de cobre antiguo,

en el corazón del lobo se encuentra tu derrota diaria,

los árboles centenarios conocen tu diáspora personal

de blues teñido y hojarasca otoñal y de llaga latente,

las vértebras de la madrugada persiguen su secreto

en la estación cercana y aledaña a la prisión,

los ritmos ya no se bailan como lo harías tú,

no existen ritmos que brillen con azul en los charoles,

ya no baila el foco fijo siguiendo tu estela brillante,

jamás se callan estrofa tuya por el puente de Brooklyn;

cerrojos pondría yo a las negruras que se cruzan contigo,

custodia de candados de acero entre tus pasos de jilguero,

y a las carreteras que solitarias reniegan de tu paseo

les haría retroceder de su tragedia de alquitrán y arena,

y a los caprichos que cavan en tu nombre de ángel ciego

les haría vomitar la hiel de sus hígados de plástico,

a las autopistas que van a parar al Hollywood de purpurina

les haría una zancadilla redonda con un estribillo tuyo,

a los cromados epitafios que claman un chiste absurdo

les haría llorar una súplica de lágrima efervescente,

a las ciudades que arrastran su epidemia en la niebla triste

les haría comprenderte como comprende lo que ama;

los gritos se tornan ardientes pavesas en la garganta,

los hemisferios respiran de la eternidad de los relojes

en el despertar roto de dichas que explotan de dóciles,

dóciles como cielo semicircular, dóciles como páramos

confiados que tejen un asesinato de amarillos imposibles,

son dóciles por que la escuela boricua blanquea al norte,

blanquea la fría sopa servida y agazapada en la carne;

los videos que no protagonizaste duermen en los anaqueles

y están plagados de tedio y de resignado infarto,

las hormigas te deshacen la forma de obituario para mercado

que se despedaza pausadamente en el asfalto mojado,

las golondrinas han dejado huella entre tus labios

con sus patas cortas y torpes

y han rescatado de tus ilusiones cien besos angulares,

las cartas ya no se escriben con la tinta perfumada

de las amatorias misivas, las promesas son lápidas lisas

que no ceden su presencia de puntos finales tajantes,

y un abogado cobarde señala a tu piel sacrificada

y frivoliza y menoscaba tu fértil balada viva,

el asesinato de tu enseñanza y sacrificio desnudo

no lo verán los gusanos con hambre fermentada,

las televisiones premeditan frías falacias trituradas,

y un pliegue de tu hermosura virgen se escapa

de las manos hacia lindes que ríen esclavas del aire,

los narcisos te avisaron de tus primeros dientes de leche

y ahora los crisantemos no te pueden callar,

un perfecto enigma de inventario

discrepa con la canción que dejaste en un archivo.

Un archivo nunca olvidado que no puede dejar de existir.



***

Esta elegía podía haber sido una oda

si tú no te hubieras obsesionado

con la fármaco-maniaca suma de las posologías,

donde un doctor inepto vio un negocio

y tú viste el lugar perfecto para vivir.



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No tendrás valor





- No tendrás valor. -Te dijo.

Y te quedaste callado, sin saber muy bien qué responderle, tal vez porque en el fondo intuías que él podía tener toda la razón y que en realidad no te atrevías, que ciertamente te cautivaba la idea de hacer algo grande, sí, algo profesional, como decía el Lumbreras, pero que te cortaba participar en lo que estaba proponiendo ahora Marcelo, tenías miedo en el fondo porque estabas convencido de que no eras tú como los grandes, pero ni siquiera erais ninguno, ni tus colegas ni el propio grupo que formabais, como el Chino o el Mortadelo y sus respectivas bandas. Eso te daba rabia, mucha rabia. Te subías por las paredes porque te sentías de pronto impotente ante la vida, incapaz de tomar las riendas de tu destino, que era lo que decía Cheli cuando os encontrabais alguna noche y hablabais de las cosas del existir, aunque en ocasiones, en momentos concretos, en instantes de una súbita valentía, te creías que erais algo, que serías apto para dar un paso adelante, para llevar a cabo un plan cualquiera y salir exitoso. Lo habíais hablado antes una y mil veces, habíais comenzado a planificar algo, muchas veces habíais previsto hasta los detalles más ínfimos, nada quedaba a expensas de la improvisación, os decíais, estabais de repente convencidos de una pretendida veteranía que no era cierta porque luego nunca hacíais nada. Continuabais con vuestros chanchullos de barrio, sisando fuera, en la playa, jugando con los coches, porque a eso sólo llegabais, a robar algunos coches, dos o tres a la semana, que luego abandonabais en cualquier sitio después de haber jugado a las carreras con ellos, y más tarde, por la noche, cuando volvíais al barrio, repetíais de nuevo todos los planes que habíais concebido hasta el momento, los más rocambolescos y los más serios, les dabais vueltas y más vueltas para luego volver, al día siguiente, a los mismos gestos, a los mismos hábitos, a las mismas chanzas.

Pero esta vez Marcelo lo estaba planteando en serio. Un buen golpe, dijo y os miró a todos, uno a uno, un golpe de verdad, continuó y sólo le faltó añadir: que nos haga hombres, que nos saque, en un tono dramático lo diría si hubiera llegado a expresarlo, de este aburrimiento vital atroz. Todos se emocionaron, expectantes, era el momento, ahora sí que podíais. Tú no, te callaste primero y luego comenzaste a poner pegas. Pero al final, como viste que los otros se entusiasmaban, como te dio miedo quedarte solo o que te llamaran cobarde o que se rieran de ti o simplemente no dar la talla, más por ti mismo que por los demás, aceptaste.

- No tendrás valor.

La voz de Marcelo sonó dura tras un silencio largo que siguió a un comentario tuyo, a medio camino entre la osada valentía y una repentina prudencia. Os mirasteis y no disimulaste un profundo rencor hacia él, que hasta ese momento había sito un mito, un héroe para ti. Estabas harto de pronto de la primacía de Marcelo, de ese tono de superioridad y de gallito. Además, te estaba siempre enjuiciando, te miraba por encima del hombro y parecía estar convencido de que tú no eras nada a su lado, sólo una sombra, un apestado incluso. Los demás te miraron igual, lo notaste, con una cierta distancia, una más que evidente burla y no poda indulgencia. Te retaban.

- Lo haré.

- Todo ha de estar bien atado.

Esta vez Marcelo se lo decía a todos. No te repitió lo del valor, era un sí a todas luces. Te admitía, había sido sólo una chulada, un modo de aumentar la tensión, de dejar claro además que él era el jefe, el que admitía o rechazaba a quienes estaban en la banda, igual que hacían otros jefes. Recordarías tal vez los grupos que se formaban en la escuela, durante el recreo, en el que un pretendido capitán de equipo iba escogiendo para los partidos de fútbol a los jugadores de entre los compañeros que formaban sobre el patio en hilera, ansiosos todos por ser elegidos. Era un juego de niños, pero ahora volvía a ser como entonces, aunque ahora le dabais una patina de seriedad, de dramatismo, y el jefe, en este caso era él, sin que nadie, como ocurría en la escuela con los pretendidos capitanes de equipo, lo hubiera elegido y mucho menos legitimado.

- No tendrás valor.

Te repetías la frase una y otra vez, en un retintín molesto, mientras escuchabas a Marcelo prepararlo todo. Tus colegas atendían a sus palabras con verdadera devoción, como si fuera un guía único, inigualable, mientras que tú intentabas sacarte de la cabeza la acusación feroz. No podías menos que reconocer que, aun cuando te dominaba no poco rencor por haberte convertido en el blanco de sus iras fruto de su caudillaje, la verdad es que siempre había gozado él de esa propensión a liderar el grupo. Lo conocías bien, desde niño y siempre había logrado dirigir a quienes le rodeaban. Un líder nato, dirían, alguien que consigue embelesar. Y os embelesaba, cierto, aunque a ti lo que en ese momento resonaba en tu cabeza constantemente mientras él hablaba era esa afirmación que te gustaría sentir como gratuita, banal, jaranera, pero que en realidad te hería profundamente por ese sospechoso presentimiento de que pudiera ser cierto, de que carecías realmente de valor y que nunca llegarías a nada.

Y mientras te debatías en esa amalgama de sensaciones e ideas, de impresiones e intenciones, Marcelo acabó de desgranar el plan y realizó el gesto que te impresionó y con el que buscaba a todas luces demostraros lo serio del proyecto, que no se trataba de uno más de vuestros juegos de chavales de barrio y que ahora ibais a dar, en efecto, el paso que os sacaría del anonimato, de la niñez, de las sombras de vuestro rincón urbano, que os iba a poner de modo definitivo en vuestro lugar, donde os merecíais, en el lugar al que aspirabais y al que Marcelo os conducía, gesto que no fue otro que acabar de pronunciar la última palabra y sin más acercar la bolsa que había dejado junto a la puerta cuando llegó, ponerla sobre la mesa y, añadiendo expectación, sacar las armas, un puñado de revólveres metalizados que brillaban, o así te lo pareció, hasta el punto de volverse el centro de la escena, como si estuvierais en uno de esos cuadros cuyas láminas observabas junto a Cheli a veces para entreteneros y en el que todas las figuras y objetos envolvían un punto concreto al que se dirigían todas las miradas.

Os distribuisteis las pistolas. Pesaban. El metal era frío. Con esto, pensaste, puedes matar a alguien. Te lo imaginaste. Apuntar a una persona, apretar el gatillo y entonces una vida se desvanecía por completo a voluntad tuya, un gesto de tu dedo y adiós a la vida. Una pistola, pensaste, esto era otra cosa, no pasear con una navaja en el bolsillo, no mostrarte pendenciero con tus puños, tu mirada, tus palabras ofensivas: otra cosa. Una pistola, pensaste, te daba el poder, tenerla en las manos te convertía de pronto en un hombre distinto, quizá en un hombre que dejaba atrás el ser un mero muchacho de barrio, ser un hombre. Ahora sí, serías capaz de todo, se lo podrías decir bien claro a Marcelo, tendré valor, oye, no es verdad lo que dijiste.

- No tendrás valor.

Marcelo dijo que él guardaría las armas. Era lo más seguro y así lo comprendisteis todos y nadie puso reparos y devolvisteis las pistolas para que Marcelo las custodiara hasta dos días después, que fue la fecha acordada y que esperabais como agua de mayo. Sacasteis unas cervezas, había que celebrarlo, echasteis unas risas y por una vez en la vida te sentiste a gusto con el grupo, eras uno más, tu vida tenía sentido porque pertenecías al grupo, sabías que lo conseguirías y se sentirían orgullos de ti como tú mismo te sentirías orgullos de ser uno más.

Saliste del edificio sintiéndote ya diferente. Eras otra persona, otro hombre, alguien capaz de emprender grandes proyectos, cumplir con su destino. Y marchaste por calles vacías y en penumbra con las manos en los bolsillos, ajeno a lo que te rodeaba, orgulloso de lo que eras, de lo que ibas a ser y hacer, de lo que ibas a lograr. Las esquinas estaban desiertas. Era tarde ya. Te encaminaste hacia tu casa y mientras andabas te preguntaste una y otra vez cómo saldría todo. Bien, seguro, murmuraste, aunque no las tenías todas contigo. Podía salir mal, pensaste, podías morir, pero en tal caso morirías como un héroe, qué importaba, no le tenías miedo a la muerte, no le tenías miedo a nada y eso te hacía ser el más grande.

Pensaste en Cheli y te entraron de pronto unas ganas inmensas de verla. Era una buena noche y te apeteció estar con ella, contemplar aquellas láminas que tanto le gustaban y, por qué no, amarla ya como lo que eras, como un hombre que a todas luces tenía valor, todo el valor del mundo.



Juan A. Herrero Díez


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LOS ÚLTIMOS GOLPES DEL CAPPLANNETTA
Por Cecilio Olivero Muñoz



CULTURA



Recuerdo que me dijiste:

-Toma, culturízate-

Tirándome a la vez el periódico

con todo el desprecio del mundo.

Me pregunto que será de tu vida

y de aquel desprecio grosero.

Me pregunto

si un periódico culturiza,

me pregunto muchas cosas.

Jamás encontraré la respuesta.



***



I HAVE A DREAM



No soñar

es lo más práctico,

aunque

siempre se puede

tomar café

para acabar roncando

con la lengua negra.



***



DAKAR



Paseaba por la playa en Dakar,

negros mecían de tarde los restos,

las casuchas eran bienvenida de sal,

pueblo silvestre al lado del puerto.

Palma, caña y mediana luz solar,

testigo azul era aquel cielo,

la mar era solamente mar,

aquel azul era crudo y esbelto,

aquella paz era todo mi hogar,

me desperté, y todo era un sueño,

y yo ya no estaba en Dakar,

frío hormigón clama mi encierro,

todo era asfixia y ley por sentenciar,

sol traicionero de un verano lento,

sueño que es sueño, y nada más.

Viento suave por el patio trasero,

brisa fixa de ámbar y oscuridad,

que viene el azul cruel y siniestro,

rectangular paraíso sin baobab,

túnel que trae otros vientos,

corriente fresca y seca es mi paz;

estáticos, esquivos, mis pensamientos,

con sonrisa fixa semi circular,

respiro y miro pasar a los presos,

confundo rejas, confundo a ras

los suelos de cemento sin paradero,

amos de la grosera inoportunidad,

estoy yo aquí y me hallo tan lejos…

de lo que deprisa siempre se va,

sorda deriva de mi desconsuelo,

hacia la brisa de sonrisa fixa se va

para la prisa, y la prisa sin pero,

y lo que para y espera aquí ya no está.

Ni está la playa, ni está el vocero,

la ruina mira su destino hacia atrás,

y está cansado de su lar el acero,

de su repetido sueño y su deambular,

ya no existe amigo de puertas adentro.

Se repite el sueño y el peregrinar

por paisajes de vidrio y terco tormento.



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TRES POEMAS
Por Cristian Claudio Casadey Jarai



Pavana para mi soledad



La languidez del crepúsculo límpido

Es el Minotauro enardecido

Que indolentemente

Con su halo eterno

Y su efímera flama escarlata

Pesa doliente

Sobre los hombros de mi conciencia.

No es divino el lamentar

Por aquellos Aquiles vencidos

Por aquellas Afroditas que sigue vírgenes

Ni por aquel dolor amargo

Que nubla mi vista.



***

Intrascendente



No sucede nada y sin embargo pasa de todo

Todo aquello que no quieres que suceda

Todo aquello que te atormenta

Todo aquello que te empequeñece

Todo aquello que acecha por las noches

Todo aquello que marca tus diferencias

Eres poco y sin embargo eres mucho

Mucho más de lo que piensas

Mucho más de lo que dicen

Mucho más de lo que sientes

Mucho más de lo que esperan

Y a pesar de ello

Vives en la intrascendencia

En la levedad

En la nimiedad

En la nada…



***

Todo para dar

No tienes nada pero tienes mucho

Eres rico en pobreza

No tienes dinero ni bienes

No tienes sabiduría alguna

Pero te sobran ambiciones

Mezquindades y envidias

Te sobran ganas de matar

A cualquiera que esté mejor que vos

A cualquiera que esté bien

Pues tu patética alma

Ha sucumbido en las profundas arenas

Del abismo de la miseria.



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BAJO LA LLUVIA



Bajo la lluvia

todo está en silencio.



Las calles

Las plazas

Los mercados



Cuando salga el sol

la vida parecerá

que renace de nuevo,

pero mientras la lluvia

no para de caer,

calándome hasta los huesos,

invadiendo mi espíritu

de nostalgia y recogimiento.

Lejos de un día cualquiera

de mayo,

con sol y esplendor

a un tiempo.



M. Carmen Roig

3 de mayo 2010

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DOS POEMAS TEMPOREROS
Por Cecilio Olivero Muñoz


CAMINO

Camino de lo no-llegado,

supervivencia en el azar del suspiro,

camino hacia un futuro fragmentado

sabiendo que hoy y mañana fui niño,

no lo puedo olvidar, no, no puedo,

lo recuerdo detrás del anteayer,

lo quiero asesinar en mi vejez,

me espera jugando con el porvenir

mientras respira atado a mi sueño.



***

DEMASIADO HUMANO

Todo seguirá igual, todo ha de ser lo que fue,

por más que mis dulces demonios insistan,

por más que mi ángel tonto lo evite,

todo, absolutamente todo seguirá igual:

los bebés maman de su paraíso transitorio,

los niños juegan con un sol que es mentira,

los adolescentes descubren la espina en el jardín,

los adultos andan descalzos entre sombra y reloj,

los ancianos huyen del frío febril del calendario,

en los hospitales espera bicéfala la vida total,

los cementerios son aquella espina sin jardín ya.

Los hombres caminan entre síes y noes,

entre diástoles y sístoles, entre ilusión y patraña,

entre aniversarios y funerales, entre gentíos y soledades.

La mujer y el hombre son escarnio que fruto da.

Todo seguirá igual, por más que cambien

los tiempos, por más que cambien los climas,

por más que cambien las cosas,

todo, absolutamente todo ha de ser humano,

demasiado humano para ser puro y santo.

Lo consagrado también se pudre de veras.


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lunes, 1 de noviembre de 2010

5º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA NEVANDO EN LA GUINEA

5º NÚMERO DE LA REVISTA NEVANDO EN LA GUINEA
 
5º NÚMERO DE LA REVISTA LITERARIA

MENSUAL DIGITAL
NEVANDO EN LA GUINEA
NºXLIX de la 2ª etapa/ 01/11/2010

EDITORIAL XLIX
Pasión por la literatura y el cine
Este pasado mes de octubre ha sido el del premio Nobel de literatura, que ha recaído en Mario Vargas Llosa. También hemos asistido a la muerte de un actor español entusiasta de su trabajo, un actor de la vieja escuela, Manuel Alexandre. Si alguna cosa vincula a ambos hombres, es sin la menor duda la pasión, una pasión enorme por la literatura y por el cine.

Más allá del Premio Nobel, que es algo subjetivo y una mera referencia social, nadie puede negar que Mario Vargas Llosa es uno de los mejores escritores en lengua española. Esperamos que la polémica alrededor del personaje no enturbie más el reconocimiento que merece su obra. Con ello no mostramos conformidad con las posiciones políticas del autor, no creemos que para reconocer la obra, el estilo, la estructura e incluso los contenidos de sus novelas haya que comulgar con su ideario, nada más lejos de la línea de esta revista que las posiciones políticas del autor peruano. Pero mentiríamos si no dijéramos que «La Ciudad y los Perros», «Conversaciones en la Catedral», «Lituma en los Andes» o cualquiera otra de sus novelas nos han dado momentos esplendorosos como lectores, e incluso ha podido influir en nuestro estilo.

Mario Vargas Llosa ha defendido a ultranza la pasión por la escritura y la lectura, dos caras de la misma moneda. Ha hecho de la literatura el pilar de su vida, su manera de acercarse a la vida, estemos o no de acuerdo con alguna de sus manifestaciones, también el ejercicio de la escritura y la lectura es una manera de ser incluso feliz y también de probar, experimentar, que al fin y al cabo eso es la vida en cierto modo.

Manuel Alexandre, por su parte, es uno de esos actores presente en buena parte de la historia del cine español. Comenzó a actuar en los años cuarenta y no ha parado hasta su muerte, actuando siempre en papeles secundarios, pero bien presente en todo momento. Al igual que el escritor peruano, el actor español nos ha mostrado que la pasión es un factor crucial en el arte y en la vida, que no están tan separadas como pretenden. Sin pasión, no hay vida, ni arte, ni nada.

Huelga decir que el mejor homenaje es leer, ver cine, apasionarse con la buena literatura, con la buenas películas. Es lo que más nos interesa de traer aquí a Mario Vargas Llosa y a Manuel Alexandre, recordar que nuestra vida es más plena gracias a la pasión que nos aporta el arte y que nuestra vida, sin arte, no sería vida.

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CRAPULATORIO
Por Cecilio Olivero Muñoz

QUE VIENE EL GATO

Desde la Tierra de argenta

vino un tipo singular,

poeta de los de absenta

y güisqui añejo en el paladar,

en el barrio de Gracia

tomó las riendas del pedal,

rimó en el otoño la rumba

y ebrio, muy ebrio su soledad,

casi se lleva a su tumba

el don de la originalidad,

él era un poeta Pérez,

gato, con mucho granito de sal,

él era la canción alegre

entre ventilador y vendaval,

forzaba la maquina a drede,

era gato que viene y se va,

él era ojo de mujer celeste,

él era el niñito de Mamá,

él era la lagartija verde,

era mitad de media mitad,

era juerga en un pesebre,

era Rey de su contrariedad,

era una balsa de aceite

y agua con radio actividad,

era su deuda pendiente,

era improvisada realidad,

era rima que pisa valiente,

era lo inusitado y lo inusual,

mezclaba literatura

con virus de toxicidad,

mezclaba rito en su frescura,

temperatura en la levedad,

era mentira sin las costuras,

parafraseo sin redundar,

era lo común sin ser corriente,

era gato pardo en la ciudad,

anestesia de mini-bar, dry latente,

delincuente de la ociosidad,

el son efervescente,

sabio de güisqui-bar, amigo ausente,

crapulatorio de nocturnidad.

***
ALGO SERIO

No me gustan las comedias románticas

por que el amor es algo muy serio,

el amor es algo tan serio

que bostezan las parejas su torpe repetición

en un lánguido pasillo sin auroras,

el amor es algo tan severamente serio

que muchos se tragan su orgullo

entre el bochorno del primer frío de calles

que gelatinan la baba del asco,

ante la moral que supera lo insuperable

y se hace vieja, y se vuelve inútil,

más inútil que el polvo que se sacude,

frente al daño que pellizca nuestra sed

cuando la voluntad es prieta impotencia

que enjaula al libre pero fugitivo intento,

el amor es algo tan despreciativamente serio

que muchos dan bandazos en lo mismo,

redundan como neonatos que maman,

como veteranos crápulas

que retroalimentan su adolescencia,

como agua en movimiento

que persiste entre la senda vegetal de acequia

porteando objetos vacíos por dentro,

busco rastro del ámbito donde todo sea

tan suavemente fácil

que estoy decidido a seguir engañándome,

quiero lo que está negado

y niego lo que es posible,

cierro todo un campo abierto

y abro dudas que son una medio verdad,

¿me contradigo en el placer sencillo

o me hallo entre lo imposible?

Las semillas custodian otro misterio infinito

y los laberintos son caminos huérfanos de horizonte.

Parece sencilla la vida

mientras la ingenuidad nos ilusiona,

parece pan comido este juego

y está podrido el postre más allá del ayer,

todos empezamos por dónde más nos gusta,

mientras fermenta nuestra exquisitez.

***
LA CASA APAGADA

A Z. R. V. O.; vivimos nuestro
día a día sin olvidarla.

Son las cuatro de la tarde

y todo un bostezo ocupa el lánguido tedio

de nuestra siesta matutina,

el perro duerme, la cucaracha duerme,

duerme la paloma, duerme la polilla,

y la basura ha dejado de ser el único sueño,

las señoritas duermen boquiabiertas

y roncan panza arriba,

los meandros han escapado de cuclillas

por la puerta principal,

el aburrimiento se extiende

como un ocaso que pretende estar erguido,

tres seres durmientes

y tres computadoras en vigilia,

son las cuatro y media de la tarde

y la casa parece inmaculada,

la televisión con su sobremesa encendida,

y el ayer deja un rastro en el silencio,

solamente nos queda el feliz aniversario

y es lo que más nos duele.

***
LIFE ON MARS

Tú tienes la televisión

encendida para ti sola,

alternas entre Netbook

y programas amarillos,

yo me conformo con Bowie,

con café, con cigarrillos;

Tú tienes Play Station, Prozac,

y las aplicaciones del Facebook,

yo me conformo con unir palabras,

con tu voz contra mi voz,

con resumir en una frase

todo un día insoportable;

Tú tienes todo un mundo

para mirar bajo sospecha,

yo no tengo sospecha,

y miro hacia la nada,

mi mundo ya ni mira;

Tú tienes la luz de las bombillas,

la sombra en los umbrales,

los reflejos en los quicios,

yo me conformo con tus sobras,

con tus destellos pacatos,

con la luz de tus sonrisas.

Vivimos lejos el uno del otro,

yo creo ser de Marte,

Tú en Plutón olvidaste el bolso.



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Fuga en Do Menor

Amaneció y los vecinos, al despertar, nos encontramos las calles repletas de furgonetas y coches de la policía. Agentes uniformados y armados hasta los dientes se paseaban por las aceras, a la espera de algo, no sabíamos qué. Qué ha pasado, nos lo preguntábamos todos no sin sorpresa y no poco de aprensión. Algo grave debía de estar ocurriendo, terroristas, murmuraban algunos con más que evidente exageración, para que se montara semejante despliegue, el mundo estaba muy mal. Pero no, al final, al poco rato, circuló de boca en boca algo que ya todos sabíamos: era por los talleres, se trataba de los telares de los chinos, el barrio estaba repleto de ellos, clandestinos, secretos, apenas visibles aunque conocidos por todos. Si uno paseaba por aquellas calles, apenas veía a los propios chinos, de tanto en tanto te cruzabas con alguno, silencioso, discreto. Pero los había a mares, aunque no los viéramos.

Fue en las antiguas fábricas donde colocaron sus telares. Compraron los solares y los adaptaron con suma discreción. Trabajaban todo el día, incluso por la noche, y a veces, cuando volvías tarde, escuchabas el bisbiseo de las máquinas. Trabajaban en ellos cientos de mujeres. No lo veíamos, pero se sabía. A veces llegaban hombres. Los dueños, los gestores, los veíamos entrar en los locales y se iban rápido. Apenas se relacionaban con el resto de los habitantes, eran comos dos mundos que existían juntos, pero separados, sin posibilidad de contacto. Tampoco molestaban y por ello no nos interesamos por lo que pasaba dentro de aquellos muros.

Bajé a la calle, fui al bar, a tomarme el primer café y leer el periódico. Me crucé con varios policías que parecían indiferentes a nuestra cotidianidad. No leí el diario, la noticia estaba ahí fuera. Llevan desde antes de abrir, me dijo Juanma. Vaya susto, le dije. Pues sí, respondió, hacía años que no había barullo aquí, desde las huelgas. De aquello hacía más de veinte años.

Vimos de pronto como salían de las antiguas fábricas los policías con las primeras mujeres a las que rodeaban y guiaban hacia los vehículos. No parecían, sin embargo, peligrosas, y no lo eran, sin duda alguna. Miraban al suelo, como indiferentes, como ajenas a lo que les estaba sucediendo, absortas en sus pensamientos y, en definitiva, como si todo aquel jaleo no fuera con ellas. Las distribuyeron en las furgonetas. Parece que dormían en los mismos talleres, dijo alguien detrás de mí. Vaya vida, exclamó un hombre a mi lado. Seguro que ellas son las que menos culpa tienen, comentó una mujer. Siempre son los pobres los que pagan el pato, añadió no sin poca rabia y una pizca de resignación. Algunas furgonetas arrancaron y desaparecieron tras la esquina. Los vecinos miraban desde las ventanas o algunos se paraban en la calle. Se hizo un silencio tremendo. No apetecía decir nada más, todo era demasiado triste. No los conocíamos, a los chinos, sobre todo a las chinas, vivían en su mundo, pero no era bonito contemplar todo aquello y qué menos que sentir no poca piedad.

Pagué el café. Salí del bar e hice varias gestiones antes de volver a casa. Abrí la puerta del portal, tenía ganas de dejar atrás aquel espectáculo. Me acerqué a los buzones y fue entonces cuando la vi. Estaba debajo de la escalera, escondida en un hueco amplio donde algunos vecinos dejaban las bicicletas, los carritos de los niños. Estaba sentada en el suelo. Temblaba. Me miraba con pánico. Nos observamos durante algunos segundos. Hola, le dije, y de inmediato me sentí algo imbécil por no haber sabido decir otra cosa, haber reaccionado de otro modo. Se puso a llorar. Sin sollozos, sin aspavientos, sólo derramaba lágrimas. Me acerqué. Ella se puso más tensa si cabe. Se echó para atrás, como si pudiera atravesar la pared que estaba a su espalda. Estiré los brazos hacia ella, lentamente, no quería asustarla todavía más.

- Tranquila. -Le dije.

- Tú no darme ellos.

Su voz era como la de una niña. No sabría decir qué edad tenía. Fuera sonaron sirenas de la policía. Eso le asustó todavía más. Sube conmigo, le dije, y apunté hacia arriba, hacia la escalera, a mi casa, añadí. Me miró extrañada. No supe si me había entendido. Ven, le dije. Hice un gesto con la mano. Se levantó. Le dejé pasar delante de mí y empezó a subir las escaleras.

Llegamos al segundo piso. Es aquí, le dije. Abrí la puerta y ella entró. Se quedó quieta en el recibidor. Pensé que tal vez no se fiaba mucho de mí, lo podía entender, pero no tenía muchas opciones, o era la policía o era yo, en cualquiera caso la incertidumbre. Pasa, le dije. No sabía muy bien qué hacer.

- ¿Lavabo? -me dijo-, yo sucia.

- Ven.

Le abrí la puerta del lavabo. Ella entró, avergonzada, tímida, cerré la puerta y fui hasta la sala de estar. Salí al balcón. Había todavía movimiento. Se iban algunas furgonetas, llegaban otras nuevas y de una fábrica cercana salían de nuevo grupos de policías con mujeres chinas a las que introducían en los vehículos.

Escuché que salía del lavabo. Entré y fui a la cocina. Saqué varias cosas para que comiera. Agarró con ansia algo de fruta, tenía hambre, y mucha además, no lo disimulaba. Me fijé más en ella. Era joven, pero seguía sin poder precisar una edad. Me pregunté qué íbamos a poder hacer. No podría salir de casa durante algunos días. La policía iba a merodear seguramente por la zona, sin duda no sería la única china que había escapado y buscarían a las fugadas. Eso me hizo pensar en mi papel. Estaba escondiendo a alguien. No sabía muy bien si las acusarían de algo, pero de momento yo estaba ayudando a alguien a fugarse de la policía y eso, supuse, debía de ser un delito. Claro que no era lo que más me preocupaba, por mucho que nunca hubiera tenido problemas con la ley y no me apetecía mucho tenerlos ahora. Pensaba sin embargo más en ella. Mientras comía, parecía reducir su temor hacia mí, pero no iba a ser fácil, estaba seguro, que confiara plenamente. Claro que yo no sabía muy bien qué hacer, como ayudarla. Me sentí perdido, desconcertado. Por ella, por mí. El mundo me pareció de pronto un lugar tremendamente incómodo.

Juan A. Herrero Díez

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La Leyenda del Puente de Piedra
Por Cristian Claudio Casadey Jarai

El clima del pueblo era realmente caliente. Ese día en especial había sido demasiado sofocante, tanto que no había agua alguna capaz de calmar la sed de Pedro, el jornalero.

El trabajo en el cafetal había sido especialmente duro esa vez. Las alimañas picaban sin cesar su sufrido cuerpo. Las gotas de sudor que se deslizaban por su frente nublaban su fatigada vista. Por suerte sus labores ya habían concluido. La noche se acercaba sigilosamente.

El patrón, satisfecho con las tareas realizadas por Pedro, resolvió obsequiarle un gallo muy obediente y fortachón. Pedro estaba muy feliz con semejante regalo, por lo que agradeció mucho a su jefe y emprendió su recorrido.

El camino hacia su hogar era largo y sinuoso. Las montañas parecían burlarse del hombre, quien en su pesar no hacía caso alguno de las bromas de la naturaleza indómita.

El manto oscuro y estrellado le jugó una mala pasada. La falta de luz hizo que pedro equivocara su trayecto, por lo que llegó hasta un río cuando se dio cuenta de su error.

- ¡qué me lleve el diablo! ¡Maldita sea mi suerte! – Gritó lastimosamente Pedro.

Un repugnante olor a azufre impregnó todo el ambiente. El Demonio en persona había acudido ante el llamado de Pedro, quien transpiraba todavía mucho más que antes.

- Ayúdame Satán – Dijo pedro.

- Aquí estoy a tu servicio – Contestó educadamente el Diablo. Pedro nunca imaginó que el famoso Príncipe de las Tinieblas era un tipo fino y educado, con buen porte y muy elegante.

- Conozco tu problema y sé que te has perdido. Puedo ayudarte a llegar a tu casa a cambio de un favorcito – Habló con cierta malicia el Maligno.

- ¿Y qué quieres de mí? Sólo soy un pobre jornalero que no tiene fortuna, mi único deseo es retornar a mi ranchito con mi esposa y mis queridos hijitos – Replicó con pesar Pedro.

- Construiré un puente de piedra sobre este río a cambio de tu primogénito.

Pedro lo pensó detenidamente. Necesitaba aquel servicio, pero el amor a su hijo no le permitía realizar semejante sacrificio cruel.

- Está Bien Satán, pero con una condición – Sentenció Pedro – Debes terminar el puente antes de que cante mi gallo al amanecer.

- Muy bien, que así sea entonces – Exclamó impaciente Lucifer.

Con todas sus fuerzas el demonio sacó y sacó piedras desde las profundidades de su Reino. La velocidad de Belcebú era verdaderamente escalofriante. Pedro estaba anonadado con el espectáculo infrahumano que transcurría ante su vista. El gallo se había despertado y miraba como el Diablo trabajaba sin cesar.

Ya casi estaba por amanecer. El Demonio sonreía placenteramente al instante en que sólo le faltaba colocar la última roca en el puente. Pedro, ni lento ni perezoso, hizo cantar de un puntapié al pobre gallo, quien lanzó su quiquiriquí como si fuera el último. Lucifer, engañado, se refugiaba en el abismo del Averno, mientras Pedro soltaba grandes carcajadas.

- No debí de ser tan confiado. Me has ganado en verdad, hay gente más deshonesta que yo – Pronunció Satán.

Y así fue como el famoso Puente de Piedra fue creado hace muchos, pero muchos años.



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Muerte por Amor

En una oscura y húmeda callejuela a altas horas de la ya entrada noche, una mujer muy bella iba caminando sola, por esas calles empedradas en las que sumergía sus pensamientos y en las que quería ver su reflejo; iba ataviada con un gran vestido de gala, con bordados, y piedras preciosas que se cubrían por una capa negra, que ocultaba desde el color de su cabello hasta la punta de sus pies.

No importaba si pisaba un charco y ese lodo la ensuciaba, no pretendía nada. Sólo caminaba y pensaba. El frío del otoño hacía que se perdiera entre la húmeda neblina que oscurecía más su cabello, como las lágrimas que iba derramando al hacerse presa de un pasado, de un dolor… su cara (ella pensaba) era cómo una máscara, un disfraz, como si en alguna ópera hubiera estado, enmarcando sus labios rojos y sus lágrimas negras causadas por su mismo maquillaje.

Lo único que se escuchaba esa noche era el eco de sus pasos… y en eso, dentro de un parque, voló un ave, un ave de color negro y salvaje; era un cuervo y su aleteo, despabiló su mirada y descubrió su faz, al quitarse la capucha de esa capa, dejando enmarcada su blanca y mortecina piel al reflejo de la luna…

El cuervo croaba, pero ella no sabía lo que decía, no le entendía, la veía con recelo, lujuria y pasión, como un ardor enfermizo… y ella hipnotizada por esa mirada encarnada en el propio fuego del averno lo miró y se enamoró de él, sin saber el cómo, ni el porqué.

Su misma mirada brillante lo atrajo hacia ella y él se posó sobre su hombro izquierdo, ya no se escuchaba nada más que el silencio en esa noche oscura y fría de otoño.

En ese instante, el cuervo, con su afilado pico, le quitó la capa, haciéndola trizas y acabando en el suelo, vio sus lindos hombros desnudos, blancos como la leche y quiso darle un beso; más no pudo, y así enterró su pico en su cuello, y mientras la sangre salía a borbotones, el mismo cuervo se entusiasmó más y con su mismo instinto animal y sin piedad, clavó sus garras en ella, y su pico en una de sus clavículas, para así, alimentarse de la sangre de una mujer que lo amaba, penetró en su carne, y con tanto dolor, ella murió, sin decir una sola palabra…

Ya que el cuervo se alimentó con su sangre y se comió su corazón, lleno de amor por él… la dejó muerta y sola. Nadie supo que pasó con ella, pero si pasan por esa antigua avenida de Londres, todavía se escuchan los pasos de aquella dama que se conjugan con el aleteo de un ave nocturna, una que desapareció también, una que se fue a su mismo infierno, dónde se confundió con el fuego de sus ojos y la oscuridad de esa noche, en la que mató, a la única mujer que amó, por desesperación y ambición.

Aquella a la que se unió y con la misma que en un charco de sangre desapareció.



Barbara Wall





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POEMAS DE NETBOOK EN EL BALCÓN
Por Cecilio Olivero Muñoz

A LA GENERACIÓN DEL 50

Os veo juntos fotografiados y parece

que estáis delante de un fondo arrasado

que sabe a tapia de cementerio,

a nicho y sepultura verticalizada,

que sabe a gris fermentado en lo demás,

que sabe a madera podrida hace años,

Miro vuestras fotografías y veo

el añil sediento de ansiedad a bocanadas

y de coñac sombrío y enmohecido,

a todo vuestro repetido Padre Nuestro

como un cuajo negro de silencioso humo,

a la sábana oscura que os enseña

la efigie inocente de otro orbe perdido en este.

Os veo en la foto y os echo de menos,

recreo mi libre pensar pisoteando

[el no-vuestro, pisoteando la fruta prohibida,

siento pena por vuestro tiempo

y por los demonios de vuestro día a día

siento repugnancia completa.

***

EL NIÑO DE ABAJO
EL LOCO DE ARRIBA

El niño que vive abajo

le pregunta a su mamá:

Mamá, ¿el vecino de arriba
está loco?

Su madre dice que sí,

con las mismas le pregunta:

¿Por qué, mamá?

¿Por qué se vuelve

la gente loca?

Entonces,

solamente entonces

su madre le dice: No seas curioso,

hijo, no lo quieras saber todo,

ya lo sabrás cuando seas mayor.

Ya mayor

la pregunta es otra.

***

FACEBOOK

A veces hay alguien en Facebook

que quiere ser tu amigo,

solamente porque ha visto

tu triste fotografía,

no te ha visto en la vida,

pero quiere conocerte.

A veces hay alguien en El Bús

que rechaza ser tu amigo,

solamente porque ha visto

tu triste día a día,

cruce de miradas en la vida,

nadie quiere conocerte.

¿La timidez es cobardía?

¿Para conocer basta con verte?

***

LINUX, I LOVE YOU

Pensamiento libre,

Libertad de expresión,

Software libre,

Cibernética Anarquía,

Libre caminar,

Cultura Gratuita,

Download Free,

Información Gratis,

Socialismo Global,

Outsider on New York,

Insider on My Home,

Freedom on Silicon Valley,

Freedom for Tibet,

Libertad Sexual,

Poder elegir Adónde,

Nombre común a todas las cosas,

Deshazte del nombre propio,

Infancia Respetada,

Hambre zero,

Jubílate pronto,

Calidad de vida,

Ciencia gratuita,

Inversión en desarrollo,

Mundo Sostenible,

Energía Ecológica,

Primeras necesidades cubiertas,

Educación liberal,

Sentimental Educación,

Drogas Legalizadas,

Todos Somos Lo Mismo,

La Misma Cosa es El Mundo,

Abrid las ventanas Ya,

Que corra el aire Libre,

Hacedle que pase,

Decidle aquello de

COMO SI ESTUVIERAS

EN TU CASA.

¿Por qué no queréis cabrones?

Todo sería más fácil.


***

BLOGGER-NADIE

No tengo cuatrocientos seguidores,

Ya no reseño ningún libro,

por que la admiración está lejos

de la gratuita gratitud,

Enlaces: los justos,

Banners: solamente amigos,

Escribo lo que me da la gana,

algunas veces hablo de la tele,

otras de mi pasado reciente,

otras, no sé ni lo que digo,

tengo cátedra en tele-basura,

tengo menos visitas que un spam,

mi alma es correo no deseado,

me perjudico el nombre

con tanta redundancia,

ganas de repetir esa cacofonía,

me quedo solo

por que se cansa el lector

de la rutina,

escapo de misantropías

para lindar en la miopía.

Sin embargo, no pienso cambiar,

no venderé esta chupa

por más que pique,

me gusta la franela dura,

que abrigue, que proteja,

que dure, odio el poliéster.

Ignórame si quieres,

Despréciame si gustas,

Hackéame mis audios,

Saquéame las fotos,

Te doy mis poemas gratis,

No me dejes comentario.

Disfrázate de nylon.



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VERSOS SIN BAUTIZAR
Por Cristian Claudio Casadey Jarai


Cofre de tu vientre

Cárcel profunda

Portas un bosque

A toda la humanidad

Hemisferio casi perfecto

Círculo místico

Llevas en tus entrañas

La salvación del mundo

No permitas que te separen

No permitas que te humille

Sigue hacia adelante

Deja atrás el orgullo

Vida innoble y tirana

Que se desquita con los débiles

Llevarás tu propia cruz

Tan pronto hables sobre la verdad

Pero eso no te importa

Amas la justicia por sobre todo

Y no la de los hombres

Sino la verdadera

La que proviene del Altísimo

Sabiduría en tus venas.

***

Con su roldana de acero

El carcelero va borrando los años

Trozos de carne en el metal

Pedazos de alma en sus llaves

La puerta siempre permanece cerrada

Ya no hay visitas ni visitantes

Soledad inmensa

Que abraza inmisericorde

La oscuridad que rodea el claustro

Silencio embriagador

Que destiñe locura y ansiedad

A cada instante

A cada momento

En cada rincón

Pues nunca pasa nada

Nunca se mueve nada

Solo la espera

De quien no tiene salvación.

***

Cuchillo de pedernal

Que se levanta ante la fatalidad

Del incendio de tus sentimientos

De la frustración acumulada

Décadas de lluvias

Que desgastaron tu corazón

Que malograron tu existencia

Que arrebataron tu amor

Ruinas y desventuras

Lugares apartados

Buscas en vano tu lugar

Buscas en vano tu destino

No sabes que ya se ha ido

Y no ha dejado señales

Para que lo puedas encontrar.

***

Mudanza en el firmamento

Los dioses no desean más

Que nadie se entrometa

Que nadie ore

Que nadie suplique

Que nadie los ame

Que nadie los perturbe

Que cada uno viva su vida

Sin importar nada más

Pues nunca bajarán del Olimpo

Ni volverán del Valhalla

No descenderán al Averno

No intervendrán más

Solo ha quedado el hombre

Merced a su elección

No hay dioses que prohíban nada

Nada hay ni nada habrá

Solo ha quedado el hombre

Desprotegido ante la vida

Desnudo ante el destino

Desbaratado en su interior.



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POEMAS DESDE EL SOFÁ
Por Cecilio Olivero Muñoz

NECESITO

Necesito escribir ahora este texto.

Quizá, por la soledad inmensa que supone

subir por la cuesta vertical del día a día.

Hoy, han venido todas las facturas a la vez.

Los vecinos me miran mal, ven a un moroso,

los bancos son sanguijuelas insaciables

y han perdido el corazón,

los políticos dicen que hacen cosas

para el ciudadano,

y lo que hacen es un obstáculo constante

que a ellos les favorece.

Necesito escribir ahora este texto.

No voy a pensar en métrica alguna,

no voy a utilizar aliteraciones,

no voy a explicarme con aforismos,

solamente quisiera

escapar de este triste mundo.

Quisiera ser lo más salvaje posible,

que las cifras no sean mis carceleras,

si tengo hambre salir de cacería,

si tengo sed tratar de consolarla,

si tengo sueño dormir en lugar seguro,

soy totalmente analfabeto

en el tema del cómputo, también en las rutinas,

solamente quiero entender

por que hemos hecho de esta vida

un negocio, negocio rentable para algunos,

un negocio que incremente,

un negocio para y por todos, por y para nadie,

un negocio que es un yugo,

hemos dejado todos la sensibilidad

en los trasteros y en los sótanos,

el humano es deshumano,

no existe la conmiseración,

todo tiene su precio,

nadie da nada sin recibir algo a cambio,

tengo la necesidad de escribir esto,

tengo la necesidad de anestesiarme,

dirán que soy borracho, que digan lo que quieran,

por todo han de criticarme,

yo no diré nada, para que no me encierren,

que digan lo que quieran,

a esto llaman calidad de vida o superávit,

a esto llaman sociedad del bienestar,

a esto llaman primer mundo,

a esto llaman sociedad liberal,

yo quiero vivir en otro mundo, un mundo

donde la humanidad fuera posible,

quisiera escapar de esta mentira

y de esta superficial mojigatería que me sigue

los pasos a un medio metro de distancia.


***

AMOR: QUIEN LO PROBÓ
LO SABE


En el amor

se mezclan las mugres con las tiñas,

lociones de afeitar con crecepelos,

misántropos con antropófilos,

el gentío de las riñas con los trasiegos,

se mezclan el sí de las niñas

con el no de los niñitos buenos,

el olor de las maduras piñas

con insípidas peras que saben menos,

se mezclan el álgebra y el logaritmo

con la verbigracia del alfabeto,

se mezclan la poesía de las posologías

con la prosodia de los prospectos,

se mezclan la geometría del poliedro

con la química del ibuprofeno,

se mezclan las metáforas y las paradojas

con la metafísica del parafraseo.



(continuidad achicando sílabas)



Blanquean su maña

los negros garbanzos,

se oportuna la muerte

en pos del oportunismo,

se vive y se desvive

en la cama o al raso,

y en camastro o en claustro,

se aprovechan litigios

entre pitanzas calientes,

entre ardientes molientes,

entre verdades sin dientes;

el bitute, el lonche o el piscolabis

se lo guardan para mañana,

para cuando no hay.

No es ya convenido el amor

desde la cuna hacia el lecho,

para la entrepierna y el pecho,

entre el suelo y el techo.

Es conveniente ahora casarse

con trecho y sin pertrecho,

sin dicho y con hecho,

el divorciado aprende derecho.

Se apropian los amantes

de lo suyo y lo ajeno,

de lo impropio y lo apropiado,

del improperio y lo enajenado.

Se saca y se mete

según se pise,

bosteza la siembra

por simiente ya yerma,

por simiente fértil

la siembra siempre florece.

Igual es amor conuco que truco de cuco,

se suplanta el tuco caduco

por pañal, sonajero y patuco.

De fiesta a festín,

quien ahorra en pacata verbena

la goza en batín.

De lumbrera a tarugo,

si la dicha es bella madrugo,

si la casadera es verdulera

lamentan su yugo,

si la soltera es fea de veras

la catan solo en primavera,

como quien pica mendrugo.



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